Mostrando entradas con la etiqueta TerSa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TerSa. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de septiembre de 2020

«El Pescador», de John Langan (2016)

Otro libro que ha caído este verano. Esta vez, novela de terror: El Pescador (The Fisherman), de John Langan, ganadora del premio Bram Stoker en el año 2016.

Dividida en tres partes, una introducción que se alarga abarcando el primer cuarto de la novela, una segunda parte que viene a ser una especie de novela dentro de la propia novela, ocupando la mitad de las páginas, y un final en dos tiempos que ocupa el cuarto restante. Al principio se me hizo pesada, cuando no exasperante, pero la segunda parte está bastante bien y la conclusión, aunque previsible (partiendo de que la historia se auto-boicotea en más de una ocasión), tiene una sorpresita final de lo más clásica que deja un agradable regusto malrollero. No sé si la recomendaría, porque la primera parte es un desperdicio de celulosa, el final es un poco “meh” (se ve venir) y, además, la traducción no me ha gustado demasiado (sospecho fuertemente que, en versión original, la prosa gana puntos). Pero bueno, en conjunto no está mal.

Si os va el rollo testimonial y el horror lovecraftiano, puede ser vuestra novela de terror del año. Eso sí, recomiendo la versión original para ahorraros lidiar con la pastosa traducción, en la que una narración oral, tirando a coloquial, se mezcla con repetidas rarezas como “columbrar” y otros cultismos incongruentes (como si “columbrar” no tuviera sinónimos como “entrever” o “vislumbrar”; en fin, es solamente un ejemplo, igual el original va en esa línea, pero me permito sospechar que no, a falta de cotejar las versiones y comprobarlo como es debido).

Si no se hubiera propuesto como lectura compartida en la TerSa (la tertulia de género fantástico de Santander), seguramente nunca me habría fijado en ella, pero tampoco me arrepiento de haberla leído, ojo.

viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Feliz 2011!


La Tertulia Fantástica de Santander os desea un feliz y próspero Año Nuevo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad 2010!

La Tertulia Fantástica de Santander os desea unas Felices Fiestas.

jueves, 3 de junio de 2010

Camiseta de la TerSa 2010

Este es el diseño que he hecho para que los miembros de la Tertulia Fantástica de Santander (TerSa) podamos lucir camisetas nuevas en la AsturCon de este año. A la cuarta va la vencida

sábado, 24 de diciembre de 2005

¡Feliz Nochebuena!

FELICES FIESTAS

«¡Ho, ho ho! (Cuento de Navidad)», de Jean Mallart


PAPÁ NÖEL estaba preocupado. Se había quedado sin dinero; estaba arruinado. Ningún banco aceptaba prestarle nada, pues no disponía de avalistas ni de bien alguno que pudiera servirle para respaldar los créditos que necesitaba. No tenía dinero para huir a otro lugar con una nueva identidad, como había hecho ya tantas veces. Estaba acabado.

—Si es que no se puede ser bueno en esta vida —se quejó amargamente Papá Nöel mientras se servía su tercer benjamín de espumoso barato.

—Y tanto —asintió Mamá Nöel, que acababa de pasar dos horas achicharrándose los sesos con el secador para mantener sus blancos rizos rizados—. Mira que te dije un millón de veces que no fueras regalando cosas por ahí, que luego no dan ni las gracias. Malditos desgraciados...

—Tienes razón, Mamá —murmuró Papá Nöel apurando su copa.

—Sí, Klaus, y tanto que tengo razón. Al menos, ahora que por fin estás arruinado, ¿eh?, viviremos más tranquilos. Gracias a Dios por eso; serías capaz de salir también esta Navidad sólo para quedar bien. ¡Y yo a morirme de asco aquí, cuidando a los renos! Hace un siglo que no vamos de vacaciones por culpa de esa estúpida manía tuya.

—Algún día te llevaré al Caribe —dijo Papá Nöel mientras se servía más burbujas—. Ya verás qué bien, qué calorcillo más rico.

Mamá Nöel hizo una mueca de desagrado, pero se mordió la lengua. ¡A buenas horas, mangas verdes! —nunca mejor dicho— Un siglo atrás le había prometido Venecia, y París el siglo anterior. Nunca cumplió tales promesas... Ahora, sin una sola moneda en el arcón, sabía con certeza que tampoco cumpliría la que le había hecho esta vez. ¿Qué iba a hacer ella en el Caribe, de todos modos, ahora que su cuerpo estaba fofo y envejecido? Se moriría antes de desnudarse para tomar el sol, y ligarse a un nativo quedaba descartado, por supuesto. ¡Diablos! Debió escapar cuando tuvo ocasión, aquella vez que Klaus olvidó las llaves del trineo en el contacto. Así podría haber gozado de la vida. Y la Viagra había llegado con trescientos años de retraso. Nunca había conocido el placer, ni otro calor que el de la boñiga de reno quemándose en la estufa, y todo por culpa de la loca generosidad de su esposo.

—Eras un hombre rico, Klaus, y lo has dilapidado todo. Tantos años de clandestinidad, tantos esfuerzos y dinero gastados tontamente para proteger tu identidad, huyendo de un punto a otro del maldito Círculo Polar, huyendo de jugueteros estafados y soñadores fanáticos que se empeñan en creer que existes, cuando todo el mundo menos tú sabe que Papá Nöel son los padres. ¡Debería darte vergüenza! Me has dado una vida de mierda.

—Cariño... Vamos, no hables así... ¿Quieres una copita de champán? —dijo Papá Nöel, intentando calmarla.

—¡Ni se te ocurra salir esta Navidad!, ¿me oyes? No pienso pasar esta Nochebuena sola. ¡Si yo me fastidio, tú también! Si te veo poner un solo regalo en el maletero del trineo, te mataré.

—Pero es que es mi vida, cariño, compréndelo, es mi imperativo vital, mi razón de ser —se quejó Papá Nöel. Tenía los ojos enrojecidos y la voz gangosa.

—¡No tenemos dinero! ¡Se acabó Papá Nöel, se acabó andar por ahí como un vulgar ladrón, violando domicilios y asaltando jugueterías! ¡Se acabó! —chilló mamá Nöel— ¡A partir de mañana dejas esa tontería y te buscas un trabajo como es debido!

La víspera de Navidad, unas horas antes de la Nochebuena, los duendes fueron a buscar a Papá Nöel.

—Tenemos que decírselo —declaró el mayor de ellos antes de partir.

—Sí —reconoció otro—, aunque creo que sería mejor que esperáramos hasta Nochevieja.

—No pienso trabajar gratis esta Navidad; todavía no hemos cobrado los atrasos de la Navidad anterior y tengo duendecillos que alimentar.

—Eso es; le diremos que si no paga por adelantado, retrasos incluidos, iremos a la huelga.

Pero cuando llegaron a la casita de Papá Nöel y se disponían a llamar a la puerta, algo llamó su atención.

—Qué extraño —dijo el duende mayor—. Mirad, la puerta está abierta.

—¿Con este frío? Pues sí que es raro. Pero si está abierta, podemos entrar, ¿no? Se me están congelando las puntas de las orejas aquí fuera —dijo otro duende.

Así que entraron en la casita... y, al momento siguiente, salieron corriendo y dando alaridos.

Sólo el duende más viejo se quedó. Se acercó a Mamá Nöel y cerró sus exorbitados ojos; luego fue a buscar un cuchillo para descolgar a Papá Nöel de la viga principal del salón.


© Jean Mallart 1998
¡Feliz Navidaaargh!

miércoles, 21 de diciembre de 2005

Cena Anual de la TerSa 2005


Navidad a la japonesaYa se está convirtiendo en una tradición; es la segunda vez que se hace, pero me da la sensación de que cada año que venga vamos a seguir reuniéndonos un montón de amigos de la “cosa nostra”, nativos de Cantabria y de otras comunidades, en algún restaurante de Santander (el japonés Sakura, en esta ocasión) para comer, charlar, reír y compartir noticias, recuerdos, chascarrillos, ideas, recomendaciones y libros de género fantástico.

Este año han llegado visitantes desde Asturias, Barcelona, Madrid, Vitoria y Vizcaya. ¿Cuántos? Pues un montón, con su buena dosis de cyberdarkianos, como es natural, ya que la página de Cyberdark sirvió para que muchos nos conociéramos. Por orden de copy & paste de un repaso hecho por Nacho Illarregui en la lista de correo de la TerSa, fueron:

Ricardo Manzanaro, César Higuero (Kaesar), Rodolfo Martínez, Marisa Cuesta, Javier Cuevas, Germán (Herrán, si no me equivoco), Iván Olmedo (Odemlo), Nimrodelisa, José Antonio Cotrina, Natalia y Alejo Cuervo. Más 12 habituales de la TerSa: Lessa y Carlos, Nacho Illarregui y Paula, Marc R Soto, Luisa (Egwene), Álvaro (El Peras), Nacho Uriel (Uri), Marisa Gut, Ana (Shelvatica) y yo (Juan). Faltaron a la cena el poeta Vicente García Escudero, que se sintió mal y se fue a casa a última hora, e Iván (Cyric) que no pudo venir. También echamos de menos a Manuel de los Reyes, que sigue en Alemania muerto de frío y morriña; vaya un abrazo para allá.

Una noche impagable, con Alejo Cuervo y yo instruyendo a Kaesar, Ricardo y El Peras en el uso de los palillos japoneses y comiendo pescado crudo como si tal cosa, Javier Cuevas lanzando dardos como si tuviera delante a Gª Bilbao, el gigantesco Germán pidiéndome una camiseta de la TerSa, talla XXXXXL, Cotrina firmándome Salir de fase en el volumen de los UPC 2000 y haciendo virguerías en el billar, Rudy discutiendo con Odemlo sobre las Secret Wars...

La pena es que no he podido hablar con todos (y todas). Éramos tantos (y yo soy tan tímido)... Pero bueno, con haber conocido a Alejo Cuervo, alias el Papa Alejo I, uno de mis mitos juveniles del mundillo, me doy por satisfecho. Ya había cruzado unas palabras con él en Xatafi 2003 (bromeando sobre la “edición” de Choque de Reyes que había llevado a la Hispacon, con las páginas en blanco) pero no es lo mismo que compartir bandeja de sushi.

¡Soy un cenobita y estoy orgulloso!

En fin, me las arreglé para no emborracharme completamente y me lo pasé muy bien, aunque al final el cansancio pasó factura.

Las fotos, en la página oficial de la Tertulia Fantástica de Santander.

viernes, 9 de diciembre de 2005

Camisetas de la TerSa (2)


Desde el principio, quise hacer el logotipo de la TerSa en blanco y negro. La mejor opción para el color de las camisetas, claro, era el negro. Hay cierta tradición en el fandom de portar barriga, gafas de pasta, perilla o barba y camiseta negra con algún motivo friqui. Y a mí sólo me faltaba la camiseta negra (las gafas las llevo sólo en casa, eso sí).

Los planes iban estupendamente. Calculé que se harían unas 10 camisetas (calculé mal; serán el doble) y ya me imaginaba a todos los tertulianos con la camiseta negra diseñada por mí...

¡Mi gozo en un pozo! Es lo malo de no dominar el mundo, que enseguida surgen discrepancias.

Nacho quería una camiseta de color.

—¿Qué color?
—Azul 4 Fantásticos.

Condensé en un microsegundo el Muero por dentro de Silverberg y asentí resignado. Ya me imaginaba al comercial de la serigrafía hablando con el encargado:

—Me han pedido un azul especial.
—A ver, qué azul es ese.
—4F.
—¡Coño, no me lo des en hexadecimal!
—No, es que...
—A ver que lo convierta. Vale, 79. ¡Pero si es un rojo!
—Es que...
—¿Pero cómo has cogido el pedido?
—Es que...
—¡Anda, averigua el Pantone y no vuelvas hasta saberlo!

Luego Nacho se fijó en la birra que tenía delante y exclamó:

—¡Y la otra, verde botella!
—Yo la quiero de ese tono —pidió Egwene señalando la camisa verde niebla de Vicente.
—¡Ah! —exclamó el Peras—, ¿se puede elegir color?

Resultado: vamos a parecer una carroza del Día del Orgullo Friqui, cada uno a su bola. En fin... ¡Al menos no me han pedido que el logo vaya a juego!

URI (asomando la cabeza): Oye, el logo este, ¿no podría ir a juego?

United Colors of TerSa:

Nacho IllarreguiNacho Illarregui
EgweneEl Peras
Marc R SotoFriqui estándar