Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de marzo de 2010

Colosos del pensamiento occidental (I): Chris Peterson


Chris Elliot en el papel de Chris Peterson
«¡Oh, Gus! He conocido a la mujer de mis sueños. De esos sueños que lo dejan todo pringoso, ya sabes a qué me refiero...»

«Lo que debo hacer ahora está tan claro como los mocos de un recién nacido.»

«Me atropellan varias veces al día. Es bueno para conocer gente.»

«Puede que seas la cosa más hermosa que jamás he visto en toda mi vida, con la posible excepción de Charles Durning.»

Charles Durning
Charles Durning

«Me llevó diez años... antes de ser capaz de ducharme desnudo... porque... estaba seguro de que... ¿sabes esa cosa por donde se va el agua? ...estaba seguro de que había un ojo ahí... ¡mirándome! [Rompe a llorar.]»

«¡No me había sentido con tanta energía desde que mi mono mascota se comió una libra de café y me persiguió calle abajo con un cuchillo para carne!»

Chris Peterson en Búscate la vida.

jueves, 11 de septiembre de 2008

«LH Rap», colisionando partículas a ritmo de hip-hop


Kate McAlpine, una empleada del CERN de 23 años, es la autora de este divertido e ilustrador rap sobre el funcionamiento del acelerador de partículas de moda esta temporada. La tradición musical del CERN continúa para gozo del friquerío internacional (recordemos a las Cernettes).


¡Desopilante! Hay más en su web: www.katemcalpine.com

domingo, 1 de junio de 2008

«La transfiguración del Conde Geiger», de Michael Bishop

☆☆☆½
Debo agradecer a Antonio Rodríguez Babiloni que me recomendara esta novela de Michael Bishop.

Hábil sátira superheroica, La transfiguración del Conde Geiger está llena de eso que los catalanes llaman “conya”, esa particular clase de ingenio cuyos frutos oscilan entre lo vulgar y lo sublime, excéntrica gracia que hunde sus manos en el barro de lo bizarro para modelar enanitos de jardín nudistas, bustos de Spawn para pintar en casa, tazas con el rostro del mil veces difunto Kenny, estatuas ecuestres de las Tortugas Ninja, etc., prima del kitsch y el surrealismo, nieta del buen rollo y la mala leche, hermana de la broma, hija del humor.

No es moco de pavo la burla que dedica a los estirados miembros de la “intelligentzia” presuntamente culta, amante celosa de las mal llamadas “Artes Mayores”, que tan bien representa, al principio, el protagonista de la novela (crítico literario y jefe de la sección cultural de un importante periódico). Pero no todo es ironía y sarcasmo en esta novela, divertida pero de ningún modo superficial; Bishop no descuida, en su afán recreativo, la reflexión. En el fondo, esta historia se asemeja a una lección de estética, principalmente sobre la carencia de verdad de los juicios estéticos.

En fin, que la recomiendo.

[Jean Mallart, deleitándose en la pedantería como el protagonista de la novela antes de su transfiguración. Que el cesio 137 me coja confesado.]

miércoles, 28 de diciembre de 2005

I Congreso de Fantasía y Ciencia Ficción del Mediterráneo (una parodia de Jean Mallart)

Del 27 al 28 de mayo se celebrará en la localidad almeriense de San Juan de los Terreros el Primer Congreso de Fantasía y Ciencia Ficción del Mediterráneo.

Este congreso ha sido concebido como parte del programa de Alianza de Civilizaciones del presidente del Gobierno español, don José Luis Rodríguez Zapatero, con la colaboración de la joven Universidad de Almería.

Para que la participación de ponentes extranjeros sea mínima, la organización ha buscado a conciencia la colaboración de las entidades y asociaciones menos representativas de Marruecos, Francia, Italia, Croacia, Eslovenia, Serbia-Montenegro, Albania, Grecia, Turquía, Chipre, Egipto, Túnez, Libia, Líbano, Siria e Israel, con el fin de reducir en lo posible el número de visitantes de estos países, dado el "efecto llamada" que podría generar la excelencia del programa previsto, que no se conocerá completamente hasta haber comenzado el evento y en el que figuran, entre otros actos, una exposición sobre el pulp magrebí que tendrá lugar en la próxima población de Pulpí.

Varios escritores y editores del área mediterránea han expresado su interés en participar, siempre que no acudan al congreso personas de países enemigos. Gracias a ello, es de esperar que no acuda ningún escritor de fuera de España, lo que el aficionado español, harto del dominio extranjero en el terreno de la ficción fantástica, sin duda agradecerá.

El Congreso tendrá cuatro conferencias plenarias (a cargo de Ana Ramos Calvo, Christos Konstas, Izz al-Din al-Madani y Marta Janell) y 5 sesiones temáticas, aún sin definir, relacionadas con la ciencia ficción y la fantasía producidas en el área mediterránea.

La organización contactará con los expertos que deseen participar en el Congreso, en cualquiera de sus sesiones temáticas y mesas redondas, según vayan entrando por la puerta.

Además, se ha llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento de Águilas, sita a sólo 8 kilómetros de la sede del Congreso, para que los editores y libreros interesados puedan montar allí sus stands, al módico precio de 100 euros/m².

El Congreso se cerrará con una Cena de Gala con un rico menú a base de cerdo ibérico, por sólo 50 euros. *

Podrá encontrar más información en la página web del Congreso, http://www.ual.es/Congresos/CFCFM2006/. A falta de tres días para el inicio del Congreso, pondremos a disposición de los que deseen asistir información útil acerca del alojamiento, transporte, precio de inscripción, bares de enfrente y programa de actividades culturales. Para cualquier información adicional puede contactar con el comité organizador local en fandeagullo@ual.es, o directamente con los organizadores de cualesquiera de las sesiones temáticas.

Cordialmente,

el Comité Organizador.

                 
* Los asistentes que no deseen comer cerdo tendrán a su disposición un menú alternativo consistente en puré de acelgas, ensalada de lechuga y, de postre, una pera.

sábado, 24 de diciembre de 2005

«¡Ho, ho ho! (Cuento de Navidad)», de Jean Mallart


PAPÁ NÖEL estaba preocupado. Se había quedado sin dinero; estaba arruinado. Ningún banco aceptaba prestarle nada, pues no disponía de avalistas ni de bien alguno que pudiera servirle para respaldar los créditos que necesitaba. No tenía dinero para huir a otro lugar con una nueva identidad, como había hecho ya tantas veces. Estaba acabado.

—Si es que no se puede ser bueno en esta vida —se quejó amargamente Papá Nöel mientras se servía su tercer benjamín de espumoso barato.

—Y tanto —asintió Mamá Nöel, que acababa de pasar dos horas achicharrándose los sesos con el secador para mantener sus blancos rizos rizados—. Mira que te dije un millón de veces que no fueras regalando cosas por ahí, que luego no dan ni las gracias. Malditos desgraciados...

—Tienes razón, Mamá —murmuró Papá Nöel apurando su copa.

—Sí, Klaus, y tanto que tengo razón. Al menos, ahora que por fin estás arruinado, ¿eh?, viviremos más tranquilos. Gracias a Dios por eso; serías capaz de salir también esta Navidad sólo para quedar bien. ¡Y yo a morirme de asco aquí, cuidando a los renos! Hace un siglo que no vamos de vacaciones por culpa de esa estúpida manía tuya.

—Algún día te llevaré al Caribe —dijo Papá Nöel mientras se servía más burbujas—. Ya verás qué bien, qué calorcillo más rico.

Mamá Nöel hizo una mueca de desagrado, pero se mordió la lengua. ¡A buenas horas, mangas verdes! —nunca mejor dicho— Un siglo atrás le había prometido Venecia, y París el siglo anterior. Nunca cumplió tales promesas... Ahora, sin una sola moneda en el arcón, sabía con certeza que tampoco cumpliría la que le había hecho esta vez. ¿Qué iba a hacer ella en el Caribe, de todos modos, ahora que su cuerpo estaba fofo y envejecido? Se moriría antes de desnudarse para tomar el sol, y ligarse a un nativo quedaba descartado, por supuesto. ¡Diablos! Debió escapar cuando tuvo ocasión, aquella vez que Klaus olvidó las llaves del trineo en el contacto. Así podría haber gozado de la vida. Y la Viagra había llegado con trescientos años de retraso. Nunca había conocido el placer, ni otro calor que el de la boñiga de reno quemándose en la estufa, y todo por culpa de la loca generosidad de su esposo.

—Eras un hombre rico, Klaus, y lo has dilapidado todo. Tantos años de clandestinidad, tantos esfuerzos y dinero gastados tontamente para proteger tu identidad, huyendo de un punto a otro del maldito Círculo Polar, huyendo de jugueteros estafados y soñadores fanáticos que se empeñan en creer que existes, cuando todo el mundo menos tú sabe que Papá Nöel son los padres. ¡Debería darte vergüenza! Me has dado una vida de mierda.

—Cariño... Vamos, no hables así... ¿Quieres una copita de champán? —dijo Papá Nöel, intentando calmarla.

—¡Ni se te ocurra salir esta Navidad!, ¿me oyes? No pienso pasar esta Nochebuena sola. ¡Si yo me fastidio, tú también! Si te veo poner un solo regalo en el maletero del trineo, te mataré.

—Pero es que es mi vida, cariño, compréndelo, es mi imperativo vital, mi razón de ser —se quejó Papá Nöel. Tenía los ojos enrojecidos y la voz gangosa.

—¡No tenemos dinero! ¡Se acabó Papá Nöel, se acabó andar por ahí como un vulgar ladrón, violando domicilios y asaltando jugueterías! ¡Se acabó! —chilló mamá Nöel— ¡A partir de mañana dejas esa tontería y te buscas un trabajo como es debido!

La víspera de Navidad, unas horas antes de la Nochebuena, los duendes fueron a buscar a Papá Nöel.

—Tenemos que decírselo —declaró el mayor de ellos antes de partir.

—Sí —reconoció otro—, aunque creo que sería mejor que esperáramos hasta Nochevieja.

—No pienso trabajar gratis esta Navidad; todavía no hemos cobrado los atrasos de la Navidad anterior y tengo duendecillos que alimentar.

—Eso es; le diremos que si no paga por adelantado, retrasos incluidos, iremos a la huelga.

Pero cuando llegaron a la casita de Papá Nöel y se disponían a llamar a la puerta, algo llamó su atención.

—Qué extraño —dijo el duende mayor—. Mirad, la puerta está abierta.

—¿Con este frío? Pues sí que es raro. Pero si está abierta, podemos entrar, ¿no? Se me están congelando las puntas de las orejas aquí fuera —dijo otro duende.

Así que entraron en la casita... y, al momento siguiente, salieron corriendo y dando alaridos.

Sólo el duende más viejo se quedó. Se acercó a Mamá Nöel y cerró sus exorbitados ojos; luego fue a buscar un cuchillo para descolgar a Papá Nöel de la viga principal del salón.


© Jean Mallart 1998
¡Feliz Navidaaargh!