No estoy muerto, estoy de parranda. ¡Feliz Gran Día del Culo Comiquero! Que no es el Día del Gran Culo Comiquero, que conste. Ojo, no tengo nada en contra de los culos grandes, pero es lo que hay.
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miércoles, 15 de febrero de 2017
lunes, 15 de febrero de 2016
Gran Día del Culo Comiquero (Big Culo Day)
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Jean Mallart
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jueves, 20 de enero de 2011
«Wild Cards» y los cómics
Seguramente muchos habréis oido hablar ya, a estas alturas, de George R. R. Martin o, por lo menos, os sonará su saga de novelas Canción de Hielo y Fuego. HBO está preparando una superproducción basada en la primera de esas novelas, la estupenda Juego de Tronos, para la televisión.
Yo conozco a Martin literariamente desde hace casi veinte años, desde que leí su cuento «Los reyes de la arena» (también adaptado a la televisión, por cierto, inaugurando la segunda época de The Outer Limits, Más allá del límite en España) en una recopilación de «Los Premios Hugo». El relato hizo doblete ganando el Hugo y el Nébula, entre otros premios. Pero hasta hace pocos años no supe nada de sus labores editoriales.
Descubrí su franquicia Wild Cards por casualidad, investigando para un proyecto propio, uno de esos sueños literarios que llevo siempre arrastrando sin acabar de decidirme a realizarlos. Para mí fue un palo, porque tiene puntos en común importantes con la idea que yo tenía en mente (cosa que me desanimó bastante) pero luego resultó ser un descubrimiento agradable, aunque confieso que al final llegué a hartarme de los libros. ¡Son más de veinte! (Y de calidad bastante irregular, en general, por no decir mala.)
¿Que qué es Wild Cards? Pues Wild Cards es un universo compartido de superhéroes, con la peculiaridad de que nació a partir de un juego de rol y que la mayor parte de su canon es puramente literario: cuentos y novelas publicados en una serie de libros por Bantam Books bajo la supervisión de un editor, el gran George R. R. Martin, que también aporta sus granitos de arena como escritor.
Cuenta uno de los fundadores del universo Wild Cards, John J. Miller, que todo comenzó en Albuquerque (Nuevo México, EEUU) a finales de 1983 con una larga partida de Superworld, un juego de rol de la compañía Chaosium creado por Steve Perrin. El director de juego de la campaña era George R. R. Martin y entre los jugadores había varios escritores de ciencia ficción, entre ellos la guionista Melinda M. Snodgrass, el creador de la trilogía Hardwired Walter John Williams (a quien frecuentemente confundo con George Alec Effinger, autor de la llamada Trilogía Cyberpunk) y Víctor W. Milán, que inició todo el asunto al regalar a Martin un ejemplar de Superworld por su cumpleaños.
El grupo, que se reunía periódicamente para jugar a La llamada de Cthulhu y a The Morrow Project, pronto se olvidó de estos y se sumergió completamente en Superworld, que se convirtió para sus integrantes en una auténtica obsesión. Bajo la dirección de Martin, llevaron el juego a un alto nivel.
Lo malo es que Martin se apasionó tanto con la campaña y se metió tan a fondo en su tarea de director de juego que ello empezó a afectar a su trabajo como escritor. Sí, amigos, sé lo que estáis pensando... Pero, dándole vueltas al problema, enseguida vio la solución. Siendo escritor y jugando con escritores, qué mejor que utilizar todo ese material para escribir historias que pudiera vender. Así, de paso, se sacarían unos dólares. Dicho y hecho: propuso a sus compañeros la creación de un universo compartido con los personajes que habían creado, en un marco propio, con una visión realista del mundo de los superhéroes. Así nació Wild Cards. Curiosamente fue el primer contrato de la conocida editora Shawna McCarthy en Bantam Books, el día que empezó a currar allí.
La premisa de la historia es relativamente sencilla. En 1946, un virus mutagénico alienígena cae a raudales sobre Nueva York causando un enorme desastre. Decenas de miles de personas son infectadas por el virus y sufren sus efectos de manera fulminante. El 90% de los afectados muere al cabo de unos minutos en una agonía indescriptible. El 90% de los supervivientes sufre grotescas transformaciones convirtiéndose en poco menos que monstruos. El resto, el 1% del total, obtiene algún poder. Y de estos, el 1% consigue un superpoder.
A los pocos años la franquicia era ya muy popular. En 1990 Marvel se interesó por adaptar la historia al cómic y Martin aceptó con la condición de controlar el producto para que no acabara convertido en una chufa deforme. A la miniserie Wild Cards de Marvel se añadieron algunas historias muy cortas en la revista Epic Illustrated y ahí quedó todo.
La miniserie está bastante bien; está ambientada en 1988, entre los libros Down and Dirty y Ace in the Hole, y está hecha un poco como los libros, con la colaboración de muchos escritores y artistas diferentes, algunos buenos como el ya mentado Walter Jon Williams, que también colaboraba con Martin en la serie literaria, y se nota, pero gracias a la labor de Martin no pasa como con otros trabajos colectivos que terminan siendo una cosa informe.
Lo mejor, las partes de Walter Jon Williams; más flojas las de Howard Waldrop, conocido en España por la infame «1999: ¡Guerra Texas-Israel!» y que últimamente (bueno, el año pasado más bien)... parece haber ido ganando puestos en el ranking de escritores de ciencia ficción norteamericanos gracias a sus cuentos. En la parte gráfica hay de todo, pero en general bastante bueno.
La noticia (para mí, que no me había enterado hasta hace unos días) es que la traslación del universo Wild Cards al cómic se ha repetido recientemente dentro de la actual fiebre por adaptar éxitos del fantástico literario al cómic. Wild Cards: The Hard Call es una miniserie de seis comic-books con guión de Daniel Abraham y arte de Eric Battle, publicada casi enteramente por Dabel Brothers (sello especializado en adaptar al cómic importantes obras de la literatura fantástica, incluyendo dos novelas cortas de Martin pertenecientes al universo de Canción de Hielo y Fuego), siendo el sexto y último de la serie publicado por Dynamite, tras cesar Dabel Brothers en su actividad.
Está prevista su edición en formato electrónico para Kindle en Amazon el 17 de agosto y se planea también una edición en tapa dura (formato "novela gráfica") para Navidad del año que viene, según Amazon.

Yo conozco a Martin literariamente desde hace casi veinte años, desde que leí su cuento «Los reyes de la arena» (también adaptado a la televisión, por cierto, inaugurando la segunda época de The Outer Limits, Más allá del límite en España) en una recopilación de «Los Premios Hugo». El relato hizo doblete ganando el Hugo y el Nébula, entre otros premios. Pero hasta hace pocos años no supe nada de sus labores editoriales.
Descubrí su franquicia Wild Cards por casualidad, investigando para un proyecto propio, uno de esos sueños literarios que llevo siempre arrastrando sin acabar de decidirme a realizarlos. Para mí fue un palo, porque tiene puntos en común importantes con la idea que yo tenía en mente (cosa que me desanimó bastante) pero luego resultó ser un descubrimiento agradable, aunque confieso que al final llegué a hartarme de los libros. ¡Son más de veinte! (Y de calidad bastante irregular, en general, por no decir mala.)
¿Que qué es Wild Cards? Pues Wild Cards es un universo compartido de superhéroes, con la peculiaridad de que nació a partir de un juego de rol y que la mayor parte de su canon es puramente literario: cuentos y novelas publicados en una serie de libros por Bantam Books bajo la supervisión de un editor, el gran George R. R. Martin, que también aporta sus granitos de arena como escritor.
Cuenta uno de los fundadores del universo Wild Cards, John J. Miller, que todo comenzó en Albuquerque (Nuevo México, EEUU) a finales de 1983 con una larga partida de Superworld, un juego de rol de la compañía Chaosium creado por Steve Perrin. El director de juego de la campaña era George R. R. Martin y entre los jugadores había varios escritores de ciencia ficción, entre ellos la guionista Melinda M. Snodgrass, el creador de la trilogía Hardwired Walter John Williams (a quien frecuentemente confundo con George Alec Effinger, autor de la llamada Trilogía Cyberpunk) y Víctor W. Milán, que inició todo el asunto al regalar a Martin un ejemplar de Superworld por su cumpleaños.
El grupo, que se reunía periódicamente para jugar a La llamada de Cthulhu y a The Morrow Project, pronto se olvidó de estos y se sumergió completamente en Superworld, que se convirtió para sus integrantes en una auténtica obsesión. Bajo la dirección de Martin, llevaron el juego a un alto nivel.Lo malo es que Martin se apasionó tanto con la campaña y se metió tan a fondo en su tarea de director de juego que ello empezó a afectar a su trabajo como escritor. Sí, amigos, sé lo que estáis pensando... Pero, dándole vueltas al problema, enseguida vio la solución. Siendo escritor y jugando con escritores, qué mejor que utilizar todo ese material para escribir historias que pudiera vender. Así, de paso, se sacarían unos dólares. Dicho y hecho: propuso a sus compañeros la creación de un universo compartido con los personajes que habían creado, en un marco propio, con una visión realista del mundo de los superhéroes. Así nació Wild Cards. Curiosamente fue el primer contrato de la conocida editora Shawna McCarthy en Bantam Books, el día que empezó a currar allí.
La premisa de la historia es relativamente sencilla. En 1946, un virus mutagénico alienígena cae a raudales sobre Nueva York causando un enorme desastre. Decenas de miles de personas son infectadas por el virus y sufren sus efectos de manera fulminante. El 90% de los afectados muere al cabo de unos minutos en una agonía indescriptible. El 90% de los supervivientes sufre grotescas transformaciones convirtiéndose en poco menos que monstruos. El resto, el 1% del total, obtiene algún poder. Y de estos, el 1% consigue un superpoder.
A los pocos años la franquicia era ya muy popular. En 1990 Marvel se interesó por adaptar la historia al cómic y Martin aceptó con la condición de controlar el producto para que no acabara convertido en una chufa deforme. A la miniserie Wild Cards de Marvel se añadieron algunas historias muy cortas en la revista Epic Illustrated y ahí quedó todo.
La miniserie está bastante bien; está ambientada en 1988, entre los libros Down and Dirty y Ace in the Hole, y está hecha un poco como los libros, con la colaboración de muchos escritores y artistas diferentes, algunos buenos como el ya mentado Walter Jon Williams, que también colaboraba con Martin en la serie literaria, y se nota, pero gracias a la labor de Martin no pasa como con otros trabajos colectivos que terminan siendo una cosa informe.
Lo mejor, las partes de Walter Jon Williams; más flojas las de Howard Waldrop, conocido en España por la infame «1999: ¡Guerra Texas-Israel!» y que últimamente (bueno, el año pasado más bien)... parece haber ido ganando puestos en el ranking de escritores de ciencia ficción norteamericanos gracias a sus cuentos. En la parte gráfica hay de todo, pero en general bastante bueno.
La noticia (para mí, que no me había enterado hasta hace unos días) es que la traslación del universo Wild Cards al cómic se ha repetido recientemente dentro de la actual fiebre por adaptar éxitos del fantástico literario al cómic. Wild Cards: The Hard Call es una miniserie de seis comic-books con guión de Daniel Abraham y arte de Eric Battle, publicada casi enteramente por Dabel Brothers (sello especializado en adaptar al cómic importantes obras de la literatura fantástica, incluyendo dos novelas cortas de Martin pertenecientes al universo de Canción de Hielo y Fuego), siendo el sexto y último de la serie publicado por Dynamite, tras cesar Dabel Brothers en su actividad.
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Está prevista su edición en formato electrónico para Kindle en Amazon el 17 de agosto y se planea también una edición en tapa dura (formato "novela gráfica") para Navidad del año que viene, según Amazon.

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domingo, 1 de junio de 2008
«La transfiguración del Conde Geiger», de Michael Bishop
☆☆☆½
Debo agradecer a Antonio Rodríguez Babiloni que me recomendara esta novela de Michael Bishop.
Hábil sátira superheroica, La transfiguración del Conde Geiger está llena de eso que los catalanes llaman “conya”, esa particular clase de ingenio cuyos frutos oscilan entre lo vulgar y lo sublime, excéntrica gracia que hunde sus manos en el barro de lo bizarro para modelar enanitos de jardín nudistas, bustos de Spawn para pintar en casa, tazas con el rostro del mil veces difunto Kenny, estatuas ecuestres de las Tortugas Ninja, etc., prima del kitsch y el surrealismo, nieta del buen rollo y la mala leche, hermana de la broma, hija del humor.
No es moco de pavo la burla que dedica a los estirados miembros de la “intelligentzia” presuntamente culta, amante celosa de las mal llamadas “Artes Mayores”, que tan bien representa, al principio, el protagonista de la novela (crítico literario y jefe de la sección cultural de un importante periódico). Pero no todo es ironía y sarcasmo en esta novela, divertida pero de ningún modo superficial; Bishop no descuida, en su afán recreativo, la reflexión. En el fondo, esta historia se asemeja a una lección de estética, principalmente sobre la carencia de verdad de los juicios estéticos.
En fin, que la recomiendo.
[Jean Mallart, deleitándose en la pedantería como el protagonista de la novela antes de su transfiguración. Que el cesio 137 me coja confesado.]
Debo agradecer a Antonio Rodríguez Babiloni que me recomendara esta novela de Michael Bishop.Hábil sátira superheroica, La transfiguración del Conde Geiger está llena de eso que los catalanes llaman “conya”, esa particular clase de ingenio cuyos frutos oscilan entre lo vulgar y lo sublime, excéntrica gracia que hunde sus manos en el barro de lo bizarro para modelar enanitos de jardín nudistas, bustos de Spawn para pintar en casa, tazas con el rostro del mil veces difunto Kenny, estatuas ecuestres de las Tortugas Ninja, etc., prima del kitsch y el surrealismo, nieta del buen rollo y la mala leche, hermana de la broma, hija del humor.
No es moco de pavo la burla que dedica a los estirados miembros de la “intelligentzia” presuntamente culta, amante celosa de las mal llamadas “Artes Mayores”, que tan bien representa, al principio, el protagonista de la novela (crítico literario y jefe de la sección cultural de un importante periódico). Pero no todo es ironía y sarcasmo en esta novela, divertida pero de ningún modo superficial; Bishop no descuida, en su afán recreativo, la reflexión. En el fondo, esta historia se asemeja a una lección de estética, principalmente sobre la carencia de verdad de los juicios estéticos.
En fin, que la recomiendo.
[Jean Mallart, deleitándose en la pedantería como el protagonista de la novela antes de su transfiguración. Que el cesio 137 me coja confesado.]
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miércoles, 1 de agosto de 2007
Las tiras cómicas del Daily Planet
En una entrada anterior, veíamos al cabronazo de Mxyzptlk dando una lección de fonética a Clark Kent. Mxyzptlk aparece en las narices de Clark salido de una página del periódico que éste está leyendo. Naturalmente, es un ejemplar del Daily Planet, diario en el que trabaja... o finge que trabaja, porque siempre está escaqueándose del curro para pasárselo pipa desfaciendo entuertos como Superman.
Pues bien, aquí tenéis, en rigurosa exclusiva, y gracias al PhotoShop, la página que está leyendo Clark justo antes de aparecer el señor Mxyzptlk:

¡No me digáis que no es un descojono! Casi se me saltan las lágrimas al verlo. :-D
La primera tira, Dini the Meany, es un homenaje a Bill Watterson y su maravillosa tira Calvin & Hobbes. Wemissu suena como «we miss you» (o sea, «te echamos de menos»); ello se debe a que Watterson había tomado la decisión, algún tiempo atrás, de dejar Calvin & Hobbes. Por otra parte, el título recuerda a Dennis the Menace, de Hank Ketcham. Dini es Paul Dini, uno de los responsables de la serie (precisamente ese episodio fue uno de los que escribió y produjo en Superman).

La segunda tira, Gleen, es un homenaje a Peanuts, de Charles M. Schulz, más conocida en España como Snoopy. En él se hace referencia al conocido animador Glen Murakami, uno de los colaboradores de la serie. «Broken English» es una referencia jocosa al peculiar inglés de Murakami.

La tercera tira, Dan Danger, es una parodia de Dick Tracy, de Chester GOuld. En ella aparece Dan Riba, director del episodio. El nombre de Harry Thatcher alude a Teri Hatcher, actriz que hacía de Lois en Las aventuras de Lois y Clark.

La cuarta tira es atribuida a Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores de Mxyzptlk y del propio Superman.

Finalmente, en la quinta tira aparece caricaturizado el mismísimo Bruce Timm, entrevistándose con un editor de comics.

El episodio, uno de los más divertidos que he visto, está plagado de referencias culturales y de guiños frikis. En fin, una gozada. Un 10 para Paul Dini y su equipo.
Pues bien, aquí tenéis, en rigurosa exclusiva, y gracias al PhotoShop, la página que está leyendo Clark justo antes de aparecer el señor Mxyzptlk:

¡No me digáis que no es un descojono! Casi se me saltan las lágrimas al verlo. :-D
La primera tira, Dini the Meany, es un homenaje a Bill Watterson y su maravillosa tira Calvin & Hobbes. Wemissu suena como «we miss you» (o sea, «te echamos de menos»); ello se debe a que Watterson había tomado la decisión, algún tiempo atrás, de dejar Calvin & Hobbes. Por otra parte, el título recuerda a Dennis the Menace, de Hank Ketcham. Dini es Paul Dini, uno de los responsables de la serie (precisamente ese episodio fue uno de los que escribió y produjo en Superman).

La segunda tira, Gleen, es un homenaje a Peanuts, de Charles M. Schulz, más conocida en España como Snoopy. En él se hace referencia al conocido animador Glen Murakami, uno de los colaboradores de la serie. «Broken English» es una referencia jocosa al peculiar inglés de Murakami.

La tercera tira, Dan Danger, es una parodia de Dick Tracy, de Chester GOuld. En ella aparece Dan Riba, director del episodio. El nombre de Harry Thatcher alude a Teri Hatcher, actriz que hacía de Lois en Las aventuras de Lois y Clark.

La cuarta tira es atribuida a Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores de Mxyzptlk y del propio Superman.

Finalmente, en la quinta tira aparece caricaturizado el mismísimo Bruce Timm, entrevistándose con un editor de comics.

El episodio, uno de los más divertidos que he visto, está plagado de referencias culturales y de guiños frikis. En fin, una gozada. Un 10 para Paul Dini y su equipo.
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martes, 31 de julio de 2007
¿Cómo se pronuncia Mxyzptlk?
¡Tronchante! X-D
Son fotogramas de la serie de animación de Superman, concretamente del octavo episodio de la segunda temporada, dedicado al cabronazo de Mxyzptlk. Me estoy dando un auténtico atracón de series de animación de Warner basadas en los superhéroes de DC. ¡No me canso de ver episodios! Sobre todo he flipado con Justice League Unlimited, que tiene episodios acojonantes como Clash, una auténtica pasada de mamporros entre Superman y el Capitán Marvel que merece la pena ver.
Pero este episodio con Mxyzptlk tiene aún jugo para otra entrada, ¡ya veréis mañana! :-D
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martes, 8 de agosto de 2006
«Books of Doom», de Ed Brubaker
☆½
¡Menudo aburrimiento...! Vaya desperdicio de Brubaker.
«Books of Doom» es una cosa inane en plan ficha de personaje (el Doctor Muerte) extendida a seis números. Un rollo de padre y muy señor mío, indigno del talento de Ed Brubaker (qué decepción) con un dibujo correcto de Pablo Raimondi (pero tampoco para echar cohetes), tinta de Mark Farmer (muy eficiente) y color de Brian Reber, irregular (a veces demasiado oscuro, comiéndose el dibujo; otras bien, otras mal).
En fin, un trabajo rutinario y sin imaginación.
Me ha desilusionado especialmente el guión, un trabajo del montón, tirando a mediocre, impropio del autor de Sleeper. ¿Para esto lo contrató Marvel?
Creo que no hace falta comentar más. Mi consejo: Ahorraos el dinerito.
¡Menudo aburrimiento...! Vaya desperdicio de Brubaker.«Books of Doom» es una cosa inane en plan ficha de personaje (el Doctor Muerte) extendida a seis números. Un rollo de padre y muy señor mío, indigno del talento de Ed Brubaker (qué decepción) con un dibujo correcto de Pablo Raimondi (pero tampoco para echar cohetes), tinta de Mark Farmer (muy eficiente) y color de Brian Reber, irregular (a veces demasiado oscuro, comiéndose el dibujo; otras bien, otras mal).
En fin, un trabajo rutinario y sin imaginación.
Me ha desilusionado especialmente el guión, un trabajo del montón, tirando a mediocre, impropio del autor de Sleeper. ¿Para esto lo contrató Marvel?
Creo que no hace falta comentar más. Mi consejo: Ahorraos el dinerito.
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sábado, 20 de mayo de 2006
Coloreando al brasileño Al Rio
Al Rio es la figura más destacada de los dibujantes de quadrinhos que operan en EE.UU. Su especialidad son las chicas, como demuestra en esta ilustración clásica de Wonder Woman que me he tomado la libertad de colorear, siguiendo un esquema de BP!
Espero que os guste; hasta ahora es la pieza que me ha costado más esfuerzo.
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domingo, 22 de enero de 2006
Kevin Smith y la Gata Negra: ¡Ahora sí que sí!
No, this is not a dream. No, your eyes are not fooling you. - Catálogo de Marvel Comics
The End is Nigh - Pancarta de Rorschach en Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons
25 de enero de 2006, EE.UU.
Por fin llega el fin.
El último número de la miniserie de Spiderman y la Gata Negra, El mal que hacen los hombres, de Kevin Smith y Terry Dodson, sale a la venta. Clara señal de la cercanía del Apocalipsis. :-))
Repasemos la historia. Allá por 2002, el director de cine Kevin Smith, gran aficionado al comic, al que se dedica ocasionalmente como guionista, comenzó para Marvel una miniserie de Spiderman protagonizada por la Gata Negra, una de sus partenaires de toda la vida. Salieron tres números. El primero, el 26 de junio. El segundo, el 21 de agosto. El tercero, el 16 de octubre. El cuarto... Los retrasos de Kevin Smith no eran una novedad para los lectores, los habían sufrido en Daredevil, pero no creo que nadie esperase lo que ocurrió. O, mejor dicho, lo que no ocurrió. Porque del cuarto número no se supo más.......hasta que el verano pasado, casi tres años después (que se dice pronto), Kevin Smith anunció que había terminado de escribir los números restantes y Terry Dodson ya estaba trabajando en ellos. ¡Sorpresa! Más de un fan pegó un brinco.
Por cierto que aquí no nos quedamos atrás. En 2003, los de Forum (la división de comics de Planeta-DeAgostini) se lucieron a base de bien anunciando a bombo y platillo la publicación en España de esta miniserie (de cuatro números, según ellos; parece que lo decidieron al buen tuntún) como novedad para el Salón del Comic de Barcelona. La peña se quedó un poco perpleja, porque en EE.UU. estaba en stand-by desde hacía unos cuantos meses y no se sabía cuándo aparecería el número 4. Pero bueno, Spain is different. Salió el 1 de 4, sí, el 2 de 4, vamos bien, luego el 3 de 4, qué bien... Naturalmente, del 4 de 4, ni flowers. ¡País...!
En fin. El 7 de diciembre salió de una santa vez el largamente esperado número 4. Habían pasado tres años, un mes y 22 días.
El 28 de diciembre, con una prontitud pasmosa, salió el número 5.
El 25 de enero, el Apocalipsis. ¡Fijo!
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