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martes, 12 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (V): «Hombre contra mundo»


A pesar de las apariencias externas, esto no es una novela de Isaac Asimov; ni siquiera es una antología de cuentos de Asimov. Se le atribuye el libro en la cubierta (bueno, se atribuye a un tal Isaac A. Asimov; la inicial del medio se la sacaron de la manga, claro) pero no es más que una triquiñuela comercial para engañar al comprador impulsivo. O sea, otro timo.

Ya sabemos que Vértice no destacaba precisamente por su ética profesional y comercial (ver el caso de «Navío estelar» en esta misma colección). Esto ya no roza la estafa; es que lo es. Se trata de un engaño deliberado.

Para más INRI, el verdadero protagonismo del libro, en este caso, corresponde sin lugar a dudas a Theodore Sturgeon, otro cuentista clásico del género (aunque, evidentemente, mucho menos conocido y aún menos en esa época, a mediados de los años sesenta) que aporta nada menos que tres de los cinco relatos que forman el volumen. Sin embargo, en ninguna parte se menciona a otro autor que no sea Isaac Asimov. Sin duda estas omisiones no tenían otra intención que la de engañar a lectores incautos, con la fama de Asimov como gancho para perpetrar el fraude.

Para los incautos que lo compraron creyendo que se llevaban una nueva antología de Isaac Asimov, una burla monumental. Casi me imagino a los responsables riéndose como hienas mientras pergeñaban su alevosa trampa.

domingo, 10 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (IV): «Tres×infinito»

Otra vileza editorial de Vértice. Esta “edición”, de tan infame y torpe, llega a indignar. Se trata del noveno volumen de la colección Galaxia. En su cubierta podemos leer: «Tres-X INFINITO». Y, debajo, «Ray Bradbury». Una mentira y media.

Para empezar, el título debía ser (supuestamente) «Tres×infinito», pero el diseñador confundió el signo de multiplicar con una X. De ahí ese estúpido “TRES-X INFINITO” de la primera de cubierta.

En este volumen se incluye una novela corta escrita a medias por Ray Bradbury y Leigh Brackett. La primera en la frente: la responsabilidad de Brackett, que cuando el cuento apareció en EEUU tenía, de hecho, más prestigio e importancia como autora que el joven Bradbury (a mediados de los años 40, Ray estaba en los comienzos de su carrera literaria) se omite absolutamente.

Además, el editor completa el volumen (hay que aprovechar el papel) con un relato de Edmond Hamilton.

El problema es que los títulos que figuran en el volumen («Tres×infinito» y «Hacia las estrellas» respectivamente) no se corresponden con los relatos que aparecen en realidad en el mismo, que son «Lorelei of the Red Mist» y «Mundo olvidado» («Forgotten World»). Y es que el editor, inexplicablemente, les puso los títulos de sendas antologías de Leo Margulies, de donde había extraído cada uno de ellos.

WTF? De verdad que no lo entiendo. :-)))) Es una auténtica locura.

Para más INRI, en la cuarta de cubierta, dicen: «TRES POR INFINITO, que presentamos hoy bajo nuestro sello, es la obra de Ray Bradbury que más ediciones ha hecho en EE. UU.» ¡Una mentira de proporciones jupiterinas, con toda la cara! Qué tíos...

En fin, valga esta pequeña crónica de cómo los bellacos de Vértice arrastraron el nombre de Ray Bradbury por el fango editorial español, con esta abyecta chapuza en forma de libro, como homenaje cavernario a su figura. Como ya sabréis todos, el autor de novelas como «Fahrenheit 451» y antologías memorables como «El hombre ilustrado», «Las doradas manzanas del Sol», «Crónicas marcianas», «Cuentos espaciales» y muchas más, guionista de cine y televisión, y uno de los últimos autores de la Edad de oro del género que nos quedaban, falleció el pasado martes, 5 de junio, a los 91 años de edad. Requiescat In Pace.

sábado, 9 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (III): «Navío estelar»


Hoy, en nuestra serie dedicada a las tropelías editoriales cometidas por Vértice en su colección Galaxia, nos ocupamos de «Navío estelar», número 17 de la misma, editado en 1964.

Ejemplo perfecto de las estafas que algunas editoriales de los años 60 se empeñaban en perpetrar sobre sus clientes lectores, este volumen tiene dos menciones de responsabilidad referentes a su autoría, una en el lomo (Brian Aldiss, autor de una conocida novela de título similar) y otra en la portada (Lloyd Baxter), ambas falsas; también son falsas las menciones relativas a la traducción y la edición original.

A ver, imaginemos por un momento: Eres un traductor mediocre que trabaja a destajo para una editorial cutre en la España de los años 60. El jefe te encarga que escribas una novela de aventuras espaciales para llenar un hueco en su colección de ciencia ficción. Como es habitual, es publicada bajo seudónimo. Hasta aquí, bien. Lo malo viene luego.

Lo malo es que tu jefe la publique con el título «Navío estelar» y se la atribuya a Brian Aldiss en el lomo del libro. La sorpresa para el lector viene al ver, enseguida, en la portada, que es de un tal Lloyd Baxter. ¿No era de Aldiss? Pues no. Es de un tal Lloyd Baxter. Que no existe, claro; es el seudónimo del que hablábamos antes. El verdadero autor es Fernando Manuel Sesén. Pero eso el lector no lo sabe.

Luego, para “redondear” la cosa, tu jefe se inventa un original americano (una supuesta «Starship» publicada supuestamente seis años atrás), y pone como supuesto traductor al auténtico autor, o sea, tú. Sí, el currito del que hablaba al principio. No vaya a pensar el lector que tiene en las manos otra cosa que no sea auténtica ciencia ficción anglosajona.

Y a facturar.

Esto pasa hoy y seguro que aparecemos unos cuantos frikis con antorchas para quemar la editorial.

viernes, 8 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (II): «Mundo futuro»

Seguimos con nuestro repaso al historial de engaños, triquiñuelas y comportamientos poco éticos de la editorial Vértice en su colección Galaxia, que llegó a una de sus cumbres con esta barrabasada en toda regla con la que, una vez más, trataron de timar a los lectores.

¿Veis la portada de este libro? Es la cara que se le quedó a Robert L. Fanthorpe, autor de la novela que le da título, al enterarse de que los editores han cambiado su nombre por el de Robert A. Heinlein en la cubierta (incluyendo el lomo), la portada y todas las páginas del libro. ¡Brutal!

Tomaron una novela del reverendo Fanthorpe y la hicieron pasar por una obra de Heinlein, ya por entonces considerado en todo el mundo como uno de más importantes autores del género, uno de los «Tres Grandes» junto a Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. ¡Menuda tomadura de pelo!

Para rellenar, incluyeron en este volumen dos relatos de Wyndham pero sin indicarlo en ninguna parte; uno de ellos, «La rueda», volvió a aparecer en el número 55 de la colección como relleno.

En definitiva, una auténtica estafa editorial.

jueves, 7 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (I): «Un par del espacio»

El historial editorial de Vértice en los años 60 está repleto de barbaridades, muchas de ellas cometidas en su colección Galaxia. Aquí os muestro uno de esos casos, inofensivo pero significativo (los hubo mucho peores): Un par del espacio. Es hasta gracioso.

Resulta que las colecciones de “dobles” al estilo de la difunta El doble de ciencia ficción de Robel, o la extinta Double de la infausta PulpEdiciones, de funesto recuerdo por sus marrullerías dignas de la peor etapa de Vértice, no son nada nuevo; siempre las ha habido. La editorial americana Belmont tenía una en los años 50 y 60 en la que se publicaron por primera vez en rústica muchas novelas cortas interesantes e incluso clásicas, como Nosotros, los merodeadores de Robert Silverberg.

Precisamente el volumen en que apareció esa novela corta de Silverberg fue elegido por Vértice para su colección Galaxia. James Blish, con la novela corta Gigantes de la tierra, acompañaba a Silverberg en A Pair From Space (Un par del espacio), título que tiene su coña tratándose de un doble.

El caso es que Vértice tenía la manía/costumbre de aprovechar al máximo el papel y, si sobraban páginas (en España estábamos aún en los tiempos de la tipografía, no lo olvidéis), pillaban cualquier relato por ahí que encajase y allá que lo metían. A veces, incluso usaban el mismo en distintos libros; la cosa era tapar el hueco. :-))) Y eso pasó con este volumen. Para rellenar, metieron un relato de Frederik Pohl, El día de los duques tronadores (que ha sido publicado muchas veces en castellano con títulos similares). Y ahí está la gracia del asunto.

La chapucilla continuó: le pusieron el título del volumen doble original, Un par del espacio... pero ya no era un doble, evidentemente. Personalmente, me quedé muy desconcertado por el título, ya que no parecía tener ninguna relación con el contenido del libro. Hasta que investigué un poco, claro.

En fin, así hacían las cosas en Vértice, ¡con un par!... Un par del espacio.

domingo, 12 de junio de 2011

Malditos «reboots»

En el último número de «Invincible», Kirkman deja clara su postura sobre la última maniobra de DC. Opino lo mismo. Son simples sacaperras.

domingo, 11 de junio de 2006

Traduttore traditore: «Almuric», de Robert E. Howard


Bueno, después del desfogue de esta mañana, recuperamos el habitual buen humor y regresamos a la normalidad con un viejo post referente a Almuric, novela de aventuras de sword & planet escrita por Robert E. Howard hacia 1936 y editada por Miraguano con traducción del propio Arellano, cuyo trabajo puse a parir sin la más mínima piedad. :-)) Más que un comentario es un vituperio de la traducción. Lo escribí para es.rec.ficcion.misc en 1999 (ya ha llovido, ya) y lo he encontrado por casualidad buscando otra cosa en Google. Sirva como ejemplo de mi obsesión por la calidad de las traducciones, mi pasión por la diatriba epistolar y mi afición por la parodia. A la salud de Xoota, para que vea lo que le espera. :-))))) [Entre corchetes, alguna que otra nota.]

* * *

Acabo de leer Almuric (ediciones Miraguano, traducción de Francisco Arellano), gracias a Conner McLeod [Ramón Campins, conocido fan de Howard].

No comentaré nada sobre la historia en sí, que me ha entretenido mucho. Sin embargo, no puedo evitar aludir a la nefasta edición de esta obra de Robert E. Howard.

Señor Arellano: El cúmulo de barbaridades gramaticales que infestan las páginas de esta edición de Miraguano me han irritado hasta extremos que no creía posible alcanzar. Me asombra que hayan tenido ustedes la desvergüenza de entregar al impresor semejante montón de inmundicia.

Tanta mediocridad me parecía imposible antes de leer su espantosa traducción. Afortunadamente no me ha costado un duro hacerlo...; de lo contrario, nada en el mundo podría impedirme acercarme hasta ustedes para hacerles la entrega solemne de un flamante ejemplar de la Gramática de la R.A.E., no sin antes haber impregnado sus sagradas páginas con alguna substancia letal. Si el buen Howard resucitara y viera esto, sin duda se pegaría un tiro otra vez.

La desastrosa puntuación, los nefandos laísmos, el uso constante de posesivos en expresiones de posición (“debajo mío”) y otros atroces vulgarismos no han logrado, empero, estropearme la diversión; hacia la mitad de la novela mi sentido de la estética estaba ya tan embotado que sus desafueros lingüísticos apenas me irritaban ligeramente.

¡Cuántas hermosas obras habrán profanado ustedes ya con actuaciones semejantes! No quiero ni pensarlo. La idea de leer, por ejemplo, La caída de la casa Usher traducida por usted, señor Arellano, es algo que me hace temblar de horror con sólo pensarlo, pero no merced a las cualidades terroríficas de las palabras de Poe, sino por la terrible perspectiva de tener que enfrentarme a las horripilantes consecuencias de su mediocre labor sobre la prístina prosa del gran autor americano.

¡Qué les costará contratar a un corrector de estilo! Señores de Miraguano, ¡miren ustedes que hay gente que paga por sus libros! Sin duda se merecen un trato mejor.