martes, 20 de diciembre de 2005

Una sopa de ciencia ficción


¿Quién no se ha tomado nunca un plato de sopa con fideos para cenar? Muchos habréis conocido la sopa de estrellas (qué título para un cuento de CF nostálgica) y la de letras, con la que se podían escribir en el borde del plato cosas como «HEINLEIN FACHA» o «JUAN X EVA», si uno era capaz de encontrar la equis. Habiendo tomado tantos platos de sopa de estrellas y sopa de letras, ¿cómo no querer dedicarse a la ciencia ficción?

Pero la sopa que cené el otro día, gracias a un supermercado francés y a que mi madre sabe cuánto me gustan estas cosas, ya fue el colmo. Atención a las diminutas figuras de sémola cocida que adornaban el exquisito caldo de gallina de mi señora madre:

¡Quiero! ¡Una! ¡Sopa!

martes, 13 de diciembre de 2005

Laura Gallego, hoy en Santander

Mientras me zampaba un exquisito conejo con salsa de setas, hace un rato, he estado escuchando a Laura Gallego, que ha sido entrevistada por Zuleima Campos en Radio Santander (Cadena SER). La escritora se encuentra en nuestra ciudad promocionando la segunda entrega de sus Memorias de Idhún, la serie de fantasía juvenil que está arrasando en España y que ha convertido a su joven autora en una de las más exitosas del país.

Esta tarde presenta su obra en la librería GIL de Santander. Me gustaría poder ir a saludarla; le diría algo así como «cuando te invitemos nosotros todo irá mejor; no veas qué chinos más cojonudos tenemos en Santander» o «no eres la Rowling ni falta que te hace, olé tus ovarios, y al próximo periodista que te pregunte por ella le puedes dar una colleja de mi parte».

Me ha gustado cómo se ha desenvuelto en la entrevista, eludiendo los intentos de arrastrarla por el tópico y explicando lo que hace, sin complejos.

En fin, me gustaría volver a tener catorce años para disfrutar plenamente con sus historias como, al parecer, hacen tantos y sobre todo tantas personas de esa o parecida edad. Me ha pillado un poco viejo, hoy un año más, pero conste que me alegro por ella y espero que se vaya de Santander con buen sabor de boca, aunque sea sin haber tenido el placer de conocerme.

La noticia, en el Diario Montañés.

viernes, 9 de diciembre de 2005

Camisetas de la TerSa (2)


Desde el principio, quise hacer el logotipo de la TerSa en blanco y negro. La mejor opción para el color de las camisetas, claro, era el negro. Hay cierta tradición en el fandom de portar barriga, gafas de pasta, perilla o barba y camiseta negra con algún motivo friqui. Y a mí sólo me faltaba la camiseta negra (las gafas las llevo sólo en casa, eso sí).

Los planes iban estupendamente. Calculé que se harían unas 10 camisetas (calculé mal; serán el doble) y ya me imaginaba a todos los tertulianos con la camiseta negra diseñada por mí...

¡Mi gozo en un pozo! Es lo malo de no dominar el mundo, que enseguida surgen discrepancias.

Nacho quería una camiseta de color.

—¿Qué color?
—Azul 4 Fantásticos.

Condensé en un microsegundo el Muero por dentro de Silverberg y asentí resignado. Ya me imaginaba al comercial de la serigrafía hablando con el encargado:

—Me han pedido un azul especial.
—A ver, qué azul es ese.
—4F.
—¡Coño, no me lo des en hexadecimal!
—No, es que...
—A ver que lo convierta. Vale, 79. ¡Pero si es un rojo!
—Es que...
—¿Pero cómo has cogido el pedido?
—Es que...
—¡Anda, averigua el Pantone y no vuelvas hasta saberlo!

Luego Nacho se fijó en la birra que tenía delante y exclamó:

—¡Y la otra, verde botella!
—Yo la quiero de ese tono —pidió Egwene señalando la camisa verde niebla de Vicente.
—¡Ah! —exclamó el Peras—, ¿se puede elegir color?

Resultado: vamos a parecer una carroza del Día del Orgullo Friqui, cada uno a su bola. En fin... ¡Al menos no me han pedido que el logo vaya a juego!

URI (asomando la cabeza): Oye, el logo este, ¿no podría ir a juego?

United Colors of TerSa:

Nacho IllarreguiNacho Illarregui
EgweneEl Peras
Marc R SotoFriqui estándar

jueves, 8 de diciembre de 2005

Transhumanidad y posthumanidad en la CF (V)


La Eva futura

¡Qué tarde llego a la Humanidad!

Thomas Alva Edison en La Eva futura
(1885) de Villiers de L’Isle-Adam



Pocas novelas merecen como ésta la calificación de “fundamental”. Lo es, desde luego, para la historia del concepto de posthumanidad en la ciencia ficción, pero también para la historia del propio género, del fantástico en general, de la literatura francesa y, si me apuran, de toda la literatura universal. Me consta que ni ella ni su autor son muy conocidos, sin embargo (al menos, en España), así que intentaré esmerarme en la puesta de antecedentes.

La Eva futura fue publicada por entregas en el semanario La Vie Moderne (La Vida Moderna), entre los meses de julio de 1885 y marzo de 1886, apareciendo en mayo de 1886 en formato libro.

Su autor, Jean Marie Mathieu Philippe Auguste, conde de Villiers de L’Isle-Adam, era un hombre superdotado en cualidades pero con una escasísima fortuna (en todos los sentidos de la palabra). Miembro de una familia aristocrática bretona de rancio abolengo pero venida a menos —a menos que nada, en realidad— por culpa de su padre —un incompetente que dilapidó la fortuna familiar en una lamentable serie de proyectos a cual más disparatado—, pudo mantener una vida digna gracias a su tía abuela... Hasta la muerte de ésta, que lo precipitó de cabeza en la miseria económica.

Villiers creó buena parte de su obra en condiciones increíbles de pobreza; La Eva futura, por ejemplo, fue escrita, a falta de mesa en la que apoyarse, en el suelo de su vivienda, sobre unos papeles de periódico. La injusta penuria que padeció en aquellos años terminaría con su muerte poco tiempo después, el 18 de agosto de 1889. La generosidad de la comunidad artística parisina, que sufragó los gastos de su entierro, evitó que sus restos fueran a parar a una fosa común.

La obra de Villiers es de gran interés para los aficionados al fantástico pero, tristemente, bastante desconocida. Influido por Edgar Allan Poe, cuya obra conoce a través de su amigo Baudelaire, escribió numerosos cuentos de género fantástico y de misterio, destacando por su fama los recopilados en la antología Cuentos crueles, que recomiendo sin reservas.

Pero, en mi humilde opinión (que, casualmente, coincide con la del propio Villiers), lo mejor de su producción, su obra maestra, es La Eva futura.

Cedo aquí la palabra al pensador español Gabriel Albiac, que analizó la obra en su libro La caja de muñecas de 1995; en él nos resume brevemente el planteamiento de Villiers:

Dos personajes masculinos. Thomas Alva Edison, uno. No es arbitrario que Villiers haya escogido al inventor. Su figura en la Francia posterior a la Exposición Universal es legendaria. Para Villiers representa el símbolo de los tiempos modernos: la ciencia al servicio de la supresión del sufrimiento. El otro es un joven lord inglés, Ewald. Viejos lazos de amistad lo unen al científico a quien visita en su mansión y laboratorio de Memlo Park. Es una despedida. Ewald ha tomado ya la decisión de suicidarse. Habla a Edison de una joven —de nombre, sintomáticamente, Alicia; la verdad, en griego— tan bella cuanto estúpida. Vivir con ella es moralmente insufrible. Prescindir de su presencia estética, intolerable. Ewald está definitivamente harto. Sólo ante la decisión de muerte de su amigo, propone Edison un experimento: él construirá para Ewald una autómata idéntica en todo a Alicia Clary salvo en su estructura anímica. La Andreida poseerá un almacén de pensamientos y palabras de inteligencia y sensibilidad impecables y será físicamente indistinguible de su modelo. El pacto es establecido. Ewald pospondrá su suicidio hasta contemplar el resultado. Poco tiempo. Apenas cuatro semanas, promete el inventor.

En próximas entradas trataré de analizar la novela en profundidad. Aconsejo a quien pueda leerla (está disponible en la editorial Valdemar a un precio francamente económico, poco más de siete euros), que lo haga cuanto antes. Es una cuestión de justicia.


Homo excelsior
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (I)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (II)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (III)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (IV)
Sobre «Transhumanidad y posthumanidad en la CF»

Humanidad y posthumanidad (una aclaración)

Sobre «Transhumanidad y posthumanidad en la CF»


He descubierto que atenerme estrictamente a la cronología, en esta fase de mi trabajo, se ha convertido en un obstáculo para la buena marcha del mismo.

No tengo todas las fechas en la cabeza. ¿Va antes Bellamy que Villiers? Tendría que mirarlo. Pero puedo hablar de Villiers ahora y saltarme lo que pueda ir antes, ¿qué más da? Así que quizá me salte cosas pero volveré sobre ellas más tarde.

Después de hablar de Shelley, de Poe y de Verne (de éste, poquito, pero es que no hay dónde hincarle el diente), me apetece escribir sobre La Eva futura, y sobre ella voy a tratar en la siguiente entrada del blog. Cuando termine el trabajo estaré a tiempo de hacer enmiendas y montar lo que haga falta.

Este inciso se me ha antojado necesario no sólo para advertiros de posibles omisiones de ahora en adelante, de idas y venidas en el camino del tiempo, sino para explicar algo sobre el capítulo que se abre a continuación.

No puedo hablar de La Eva futura, la extraña, audaz y turbadora novela del igualmente extraño, audaz y turbador conde de Villiers de l’Isle-Adam, sin referirme a «Deus ex machina», título de un análisis de la obra excelentemente escrito por Gabriel Albiac —catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y Premio Nacional de Ensayo en 1988— y publicado en su libro Caja de muñecas (Destino, 1995).

Tampoco puedo hablar de Albiac sin lamentar su “deriva reaccionaria” de los últimos años. Personalmente me parece que se ha descarriado, que se ha alejado del logos. Se nota en su afán iconoclasta la nefasta influencia de Gustavo Bueno (un imbécil —erudito pero imbécil— haciendo de martillo de idiotas; lo que faltaba). Varias de sus opiniones actuales me parecen poco rigurosas (por decirlo suavemente) y algunas de sus compañías me repugnan. Pero sería injusto no tener en cuenta sus comentarios sobre La Eva futura a causa de estas discrepancias de última hora. No confundamos churras con merinas; hay que reconocer que su análisis de la obra de Villiers es magistral. Y a él me remitiré cuando lo crea necesario.


Homo excelsior
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (I)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (II)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (III)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (IV)

Transhumanidad y posthumanidad en la CF (V)
Humanidad y posthumanidad (una aclaración)

lunes, 28 de noviembre de 2005

Samuel Fuller y el fantástico


Hace algún tiempo estuve releyendo una entrevista que Jordi Costa hizo al mítico director de cine Samuel Fuller, en 1993 (creo recordar que fue durante el Festival de Sitges). Junto a la entrevista se incluía un pequeño y curioso texto del propio Fuller que me apetece colgar en el blog.

Envié la entrevista completa al grupo de noticias de Usenet es.rec.cine hace un par de años; si a alguien le interesa, que busque los mensajes con asunto “Ametralladora Fuller” en los Grupos de Google. Off topic o no, no tiene desperdicio.



«MIS ENCUENTROS CON EL FANTASTIQUE
De Bela Lugosi a Bruce Campbell», por Samuel Fuller:

«Recuerdo una vez, en los años 20, en mi época de periodista, que conseguí dos entradas para ir al teatro y decidí llevar a mi madre conmigo. Llegamos a Broadway y la entrada del local estaba llena a rebosar, pero, además, hubo un detalle que nos resultó sumamente inquietante: la entrada estaba colapsada por ambulancias. ¡Era el día del estreno de la versión teatral de «Drácula»! El crítico de mi diario había visto el montaje en un ensayo general del día anterior y por eso me dio las entradas. Mi madre estaba impresionada. «Todo el mundo está mirando a nuestra fila», decía. «¡Claro! Es la fila de los críticos», le respondí. Fue impresionante. Cuando apareció Bela Lugosi por primera vez sobre el escenario, todo el público quedó sobrecogido. Increíble. Fue mi primer contacto con el género fantástico.

«El último contacto lo he tenido ahora en Bruselas, en el festival de cine fantástico del que he formado parte del jurado. He visto películas de todo tipo; algunas de ellas tenían brillantes ideas, puntos de partida realmente excepcionales. Una de las que más me gustó estaba protagonizada por un tipo de nuestros días que, a la manera de «Un yanqui en la corte del rey Arturo», iba a parar a la Edad Media. Me pareció una manera muy original de acercarse a una idea ajena: el director conseguía que te olvidaras de que el origen del relato ya estaba en la novela de Mark Twain.* El público de Bruselas era increíble: los espectadores hablaban a la pantalla, como en la época del cine mudo. Y precisamente eso fue lo que me hizo acordarme de «Drácula», Bela Lugosi y todo lo demás: cuando, años más tarde, Tod Browning llevó la obra a la pantalla, también con Bela Lugosi, los espectadores gritaban y aconsejaban a los actores por dónde no debían entrar, como si estuvieran increpando a actores de teatro. Era la única película sonora en la que el público de la época se comportaba así».

* Se refiere a «El ejército de las tinieblas», de Sam Raimi. (Nota de Jean Mallart)