domingo, 10 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (IV): «Tres×infinito»

Otra vileza editorial de Vértice. Esta “edición”, de tan infame y torpe, llega a indignar. Se trata del noveno volumen de la colección Galaxia. En su cubierta podemos leer: «Tres-X INFINITO». Y, debajo, «Ray Bradbury». Una mentira y media.

Para empezar, el título debía ser (supuestamente) «Tres×infinito», pero el diseñador confundió el signo de multiplicar con una X. De ahí ese estúpido “TRES-X INFINITO” de la primera de cubierta.

En este volumen se incluye una novela corta escrita a medias por Ray Bradbury y Leigh Brackett. La primera en la frente: la responsabilidad de Brackett, que cuando el cuento apareció en EEUU tenía, de hecho, más prestigio e importancia como autora que el joven Bradbury (a mediados de los años 40, Ray estaba en los comienzos de su carrera literaria) se omite absolutamente.

Además, el editor completa el volumen (hay que aprovechar el papel) con un relato de Edmond Hamilton.

El problema es que los títulos que figuran en el volumen («Tres×infinito» y «Hacia las estrellas» respectivamente) no se corresponden con los relatos que aparecen en realidad en el mismo, que son «Lorelei of the Red Mist» y «Mundo olvidado» («Forgotten World»). Y es que el editor, inexplicablemente, les puso los títulos de sendas antologías de Leo Margulies, de donde había extraído cada uno de ellos.

WTF? De verdad que no lo entiendo. :-)))) Es una auténtica locura.

Para más INRI, en la cuarta de cubierta, dicen: «TRES POR INFINITO, que presentamos hoy bajo nuestro sello, es la obra de Ray Bradbury que más ediciones ha hecho en EE. UU.» ¡Una mentira de proporciones jupiterinas, con toda la cara! Qué tíos...

En fin, valga esta pequeña crónica de cómo los bellacos de Vértice arrastraron el nombre de Ray Bradbury por el fango editorial español, con esta abyecta chapuza en forma de libro, como homenaje cavernario a su figura. Como ya sabréis todos, el autor de novelas como «Fahrenheit 451» y antologías memorables como «El hombre ilustrado», «Las doradas manzanas del Sol», «Crónicas marcianas», «Cuentos espaciales» y muchas más, guionista de cine y televisión, y uno de los últimos autores de la Edad de oro del género que nos quedaban, falleció el pasado martes, 5 de junio, a los 91 años de edad. Requiescat In Pace.

sábado, 9 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (III): «Navío estelar»


Hoy, en nuestra serie dedicada a las tropelías editoriales cometidas por Vértice en su colección Galaxia, nos ocupamos de «Navío estelar», número 17 de la misma, editado en 1964.

Ejemplo perfecto de las estafas que algunas editoriales de los años 60 se empeñaban en perpetrar sobre sus clientes lectores, este volumen tiene dos menciones de responsabilidad referentes a su autoría, una en el lomo (Brian Aldiss, autor de una conocida novela de título similar) y otra en la portada (Lloyd Baxter), ambas falsas; también son falsas las menciones relativas a la traducción y la edición original.

A ver, imaginemos por un momento: Eres un traductor mediocre que trabaja a destajo para una editorial cutre en la España de los años 60. El jefe te encarga que escribas una novela de aventuras espaciales para llenar un hueco en su colección de ciencia ficción. Como es habitual, es publicada bajo seudónimo. Hasta aquí, bien. Lo malo viene luego.

Lo malo es que tu jefe la publique con el título «Navío estelar» y se la atribuya a Brian Aldiss en el lomo del libro. La sorpresa para el lector viene al ver, enseguida, en la portada, que es de un tal Lloyd Baxter. ¿No era de Aldiss? Pues no. Es de un tal Lloyd Baxter. Que no existe, claro; es el seudónimo del que hablábamos antes. El verdadero autor es Fernando Manuel Sesén. Pero eso el lector no lo sabe.

Luego, para “redondear” la cosa, tu jefe se inventa un original americano (una supuesta «Starship» publicada supuestamente seis años atrás), y pone como supuesto traductor al auténtico autor, o sea, tú. Sí, el currito del que hablaba al principio. No vaya a pensar el lector que tiene en las manos otra cosa que no sea auténtica ciencia ficción anglosajona.

Y a facturar.

Esto pasa hoy y seguro que aparecemos unos cuantos frikis con antorchas para quemar la editorial.

viernes, 8 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (II): «Mundo futuro»

Seguimos con nuestro repaso al historial de engaños, triquiñuelas y comportamientos poco éticos de la editorial Vértice en su colección Galaxia, que llegó a una de sus cumbres con esta barrabasada en toda regla con la que, una vez más, trataron de timar a los lectores.

¿Veis la portada de este libro? Es la cara que se le quedó a Robert L. Fanthorpe, autor de la novela que le da título, al enterarse de que los editores han cambiado su nombre por el de Robert A. Heinlein en la cubierta (incluyendo el lomo), la portada y todas las páginas del libro. ¡Brutal!

Tomaron una novela del reverendo Fanthorpe y la hicieron pasar por una obra de Heinlein, ya por entonces considerado en todo el mundo como uno de más importantes autores del género, uno de los «Tres Grandes» junto a Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. ¡Menuda tomadura de pelo!

Para rellenar, incluyeron en este volumen dos relatos de Wyndham pero sin indicarlo en ninguna parte; uno de ellos, «La rueda», volvió a aparecer en el número 55 de la colección como relleno.

En definitiva, una auténtica estafa editorial.

jueves, 7 de junio de 2012

Los desmanes galácticos de Vértice (I): «Un par del espacio»

El historial editorial de Vértice en los años 60 está repleto de barbaridades, muchas de ellas cometidas en su colección Galaxia. Aquí os muestro uno de esos casos, inofensivo pero significativo (los hubo mucho peores): Un par del espacio. Es hasta gracioso.

Resulta que las colecciones de “dobles” al estilo de la difunta El doble de ciencia ficción de Robel, o la extinta Double de la infausta PulpEdiciones, de funesto recuerdo por sus marrullerías dignas de la peor etapa de Vértice, no son nada nuevo; siempre las ha habido. La editorial americana Belmont tenía una en los años 50 y 60 en la que se publicaron por primera vez en rústica muchas novelas cortas interesantes e incluso clásicas, como Nosotros, los merodeadores de Robert Silverberg.

Precisamente el volumen en que apareció esa novela corta de Silverberg fue elegido por Vértice para su colección Galaxia. James Blish, con la novela corta Gigantes de la tierra, acompañaba a Silverberg en A Pair From Space (Un par del espacio), título que tiene su coña tratándose de un doble.

El caso es que Vértice tenía la manía/costumbre de aprovechar al máximo el papel y, si sobraban páginas (en España estábamos aún en los tiempos de la tipografía, no lo olvidéis), pillaban cualquier relato por ahí que encajase y allá que lo metían. A veces, incluso usaban el mismo en distintos libros; la cosa era tapar el hueco. :-))) Y eso pasó con este volumen. Para rellenar, metieron un relato de Frederik Pohl, El día de los duques tronadores (que ha sido publicado muchas veces en castellano con títulos similares). Y ahí está la gracia del asunto.

La chapucilla continuó: le pusieron el título del volumen doble original, Un par del espacio... pero ya no era un doble, evidentemente. Personalmente, me quedé muy desconcertado por el título, ya que no parecía tener ninguna relación con el contenido del libro. Hasta que investigué un poco, claro.

En fin, así hacían las cosas en Vértice, ¡con un par!... Un par del espacio.

domingo, 4 de marzo de 2012

«Naufragio», de Charles Logan

☆☆☆☆☆

Cuando cerré el libro después de leerlo (hace unos 20 años) pensé: «¡Qué suerte tengo!» Esta novela figura en mi «Top Five» particular del género, haciendo compañía a obras de Disch, Lem, Pohl... ¡Y es una opera prima!

Una novela dura, hard en más de un sentido, realista, sin concesiones, sin más diálogo que el del náufrago con su destino. Como dijo Planells, «extrañamente patética», y es que su emotividad no es aquí fruto del empleo de recursos facilones o trampas burdas para buscar la lagrimita, blandenguería chirriante al uso. El náufrago despierta nuestra empatía, nos identificamos con sus sufrimientos y eso es el patetismo bien entendido; sentimos pena porque lo que le pasa al pobre hombre no es para otra cosa...

¡Claro!, es mentira todo, una ficción. Ahí está la magia de Logan: hacérnosla creer, mientras la leemos; mientras la leemos, sentimos, nos emocionamos. Hasta se nos puede escapar una lagrimita.

Se ha criticado que el tema fuera poco original. Pamplinas. Como si no se pudieran escribir historias de náufragos después de Robinson Crusoe. Es más, precisamente resulta muy original por el tratamiento del tema, diferente en todo del que hizo Daniel Defoe.

Charles Logan nació en 1930 y trabajaba como enfermero en un hospital psiquiátrico cuando se publicó Naufragio, que es su única novela. Aparte de eso, sólo escribió dos relatos cortos que siguen inéditos por decisión del autor. No sé por qué decidió no volver a escribir, pero es una verdadera lástima.

miércoles, 15 de febrero de 2012

BIG CULO DAY 2012: «Exposure», por Al Rio

Este año iba a poner un culo de Shanna, por Frank Cho, de lo más rebonico... pero el desgraciado fallecimiento de uno de mis dibujantes de nenas favoritos, el brasileño Al Rio (que ya ha pasado por este blog, cuando coloreé una de sus Wonder Woman, sin duda su preferida) me ha hecho cambiar de idea.

El bueno de Álvaro, un dibujante obseso de esos que sólo piensan en dibujar y dibujar, se suicidó recientemente a los 50 años de edad. No quiero que parezca que quiero frivolizar su muerte poniendo aquí sus culos, nada más lejos de mi intención, que no es otra que la de homenajearle. Las mentes «biempensantes» quizá se escandalicen, pero yo soy un friki y así es como funcionan nuestros retorcidos cerebrillos.

Al en el tajo. Era un gran trabajador.

Así que ahí va. Este culo no es el de una estrella como Serpieri o Cho, sino el de un currante que se mataba a servir comissions de superheroínas, a veces en situaciones picantes o comprometidas, mientras esperaba que lo llamasen desde EEUU para dibujar alguna serie de segunda fila en alguna editorial emergente de esas que salen como setas de unos años a esta parte en el fértil territorio usacamericano, regado con sudor y lágrimas de humildes trabajadores extranjeros como él.

Gracias por tantos años de alegrarme la vista, Al. Va por ti.


martes, 7 de febrero de 2012

Bicentenario de Dickens

It was the best of times,
it was the worst of times,
it was the age of wisdom,
it was the age of foolishness,
it was the epoch of belief,
it was the epoch of incredulity,
it was the season of Light,
it was the season of Darkness,
it was the spring of hope,
it was the winter of despair,

we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to Heaven, we were all going direct the other way— in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only.


Comienzo de «A Tale of Two Cities» («Historia de dos ciudades», Charles Dickens, 1859.) Sin duda alguna, una de las más importantes novelas de la historia de la literatura occidental.