miércoles, 19 de octubre de 2005

El Quijote fantástico


El Quijote, en un foro dedicado al género fantástico, ¿es off topic?

Yo pienso que, por lo menos, se puede debatir sobre ello. Desde luego, materia para hacerlo, hayla sobrada.

Consideremos el punto de vista de los protagonistas, Sancho incluido (recordemos el episodio de Clavileño, por ejemplo)... Gran cantidad de las cosas que don Quijote y su escudero creen experimentar o presenciar son puramente fantásticas. Según la rebuscada idea de Todorov sobre lo fantástico (e insisto en la perspectiva de los protagonistas), sí que habría momentos de carácter fantástico, de esos en los que el edificio mental de nuestra visión de la realidad se tambalea en el terremoto de lo inexplicable.

En este aspecto, está emparentada, en cierto modo, con El perro de los Baskerville de Arthur Conan Doyle. No hay fenómenos fantásticos en sí, pero sí en apariencia, aunque de cara al lector se pierda esa magia narrativa a la que aludía Todorov en su Introducción a la literatura fantástica (que algún día comentaré).


Pero hay más. La figura clave del carácter fantástico de esta novela es Cide Hamete Benengeli.

Fijémonos, por ejemplo, en el estupor del sensato Sancho, en el capítulo II de la segunda parte, al conocer que se había escrito un libro con sus aventuras; ¡¿cómo podía conocerlas el autor?!

[...] anoche llegó el hijo de Bartolomé Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller, y, yéndole yo a dar la bienvenida, me dijo que andaba ya en libros la historia de vuestra merced, con nombre del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha; y dice que me mientan a mí en ella con mi mesmo nombre de Sancho Panza, y a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que pasamos nosotros a solas, que me hice cruces de espantado cómo las pudo saber el historiador que las escribió.

—Yo te aseguro, Sancho —dijo don Quijote—, que debe de ser algún sabio encantador el autor de nuestra historia; que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escribir.

—Y ¡cómo —dijo Sancho— si era sabio y encantador, pues (según dice el bachiller Sansón Carrasco, que así se llama el que dicho tengo) que el autor de la historia se llama Cide Hamete Berenjena!

—Ese nombre es de moro —respondió don Quijote.

—Así será —respondió Sancho—, porque por la mayor parte he oído decir que los moros son amigos de berenjenas.

—Tú debes, Sancho —dijo don Quijote—, errarte en el sobrenombre de ese Cide, que en arábigo quiere decir señor.

—Bien podría ser —replicó Sancho [...].

De esto se desprende lo siguiente: ¿Acaso ellos dos, Quijote y Sancho, y todos los demás, no son más que personajes de una ficción...? Nosotros sabemos que sí. Puro Dick, oigan. :-))

Sobre el nombre de Benengeli que discuten, en el diálogo de arriba, don Quijote y su escudero, se puede especular y se ha especulado. La investigadora Luce López-Baralt, apoyándose en las tradiciones del Islam y los posibles orígenes del nombre Benengeli, realizó un análisis de la “conversación” que el propio Benengeli tiene con su pluma, con la que ha escrito la historia del Quijote, justo al final; insinúa en su sesudo artículo —El Cálamo Supremo (Al-Qalam Al-aclā) de Cide Hamete Benengeli— que Benengeli es un ser sobrenatural, una especie de ángel intermediario de la inteligencia suprema cuya voluntad determina sus destinos: el propio Cervantes, claro, y para registrarlos emplea este ángel una pluma mágica parecida al Cálamo Supremo de la tradición islámica. Es un aviso para que Avellaneda se abstenga de ofender al Divino Creador, don Miguel de Cervantes, plagiándole otra vez.

Sólo son dos ejemplos, más o menos traídos de los pelos.

Aparte, tenemos en los episodios de la cueva de Montesinos, el mono adivino de maese Pedro, la cabeza encantada de don Antonio Moreno, Clavileño, la ínsula Barataria..., elementos que, si consideramos el punto de vista de los personajes, se pueden considerar como fantásticos (siguiendo en parte a Todorov; ya sé que me repito, haced como que no os dais cuenta).

En fin, yo no acabo de aclararme, que conste. Pero, desde luego, no se puede desechar la idea con el desprecio con que he visto rechazarla a algunos ultras del pretendido realismo de la Magna Obra del Inmortal Cervantes (MOIC) en ciertos foros de literatura mainstream...

martes, 11 de octubre de 2005

«La Odisea del mañana», de Charles Sheffield

☆☆☆½

Ya el título original, Tomorrow and tomorrow, nos da una primera pista sobre el argumento. Vamos a viajar al futuro (y más allá, añado con regocijo infantil), algo en lo que abunda el título castellano. A la orden de inventarse uno nuevo, el traductor Manuel de los Reyes (cuyo trabajo aprovecho para alabar) no ha podido responder mejor: en efecto, Drake Merlin, el personaje protagonista, es un poco como Ulises en busca de su Penélope, navegando de época en época por los mares del tiempo.

Drake se niega a perder a su amada esposa Ana, que está mortalmente enferma. En el último momento, decide criogenizarla con la esperanza de que en el futuro puedan reanimarla y proporcionarle una cura. Pero la idea es no perderla, así que él también tendrá que congelarse, para estar allí cuando ocurra... Las veces que haga falta.

Tenemos, como siempre, aventura y especulación, con una sólida base científica, que riega la novela con multitud de ideas interesantes. Y la habitual garra narrativa. Pero en esta novela hay, además, un estilo bastante depurado (al menos en comparación con Las crónicas de McAndrew o La caza de Nimrod, que no destacan por su estética). Pero, sobre todo, es más emotiva de lo habitual (sin pasarse; es ciencia ficción hard; pero presta más atención al carácter y los sentimientos de sus personajes que la inmensa mayoría de novelas de esa categoría).

De los libros de Sheffield que he leído (tampoco es que se hayan publicado muchos en España, por otra parte), este es con diferencia el que más me ha gustado.

En el debe de la editorial, los típicos errores tipográficos y de maquetación marca de la casa (recuerdo un párrafo, sobre todo, que era un tremendo lío). ¿Tanto cuesta pagar a un corrector?

La Odisea del mañana / Charles Sheffield ; [traducción de Manuel de los Reyes] . — 1ª ed. — Arganda del Rey, Madrid : La Factoría de Ideas, 2005 . — 352 p. — Rústica . — (Solaris Ficción, nº 63) . — Tít. orig.: Tomorrow and Tomorrow . — ISBN 84-9800-128-5 : 18’95 €

domingo, 9 de octubre de 2005

«El prestigio», de Christopher Priest, al cine


David Langford se ha hecho eco de la noticia en su boletín Ansible: la novela El prestigio, de Christopher Priest (el auténtico), será llevada al cine por los hermanos Nolan, Chris (dirección) y Jonathan (guión, que Priest ya ha leído y, oh maravilla de maravillas, le ha encantado).

Como protagonistas suenan Christian Bale en el papel de Alfred Borden y Hugh Jackman como Rupert Angier, el joven “advenedizo” que intentará por todos los medios superar a su rival en las artes de la ilusión.

El prestigio es mi novela favorita de Priest; espero que los Nolan no la caguen.

lunes, 3 de octubre de 2005

«Avalon», de Mamoru Oshii

☆☆☆½

Curiosa película esta coproducción polaco-japonesa, Avalon, dirigida por el japonés Mamoru Oshii en 2001, con guión de Ito Kazunori. Éste, que ya trabajó con él en Ghost in the Shell, adaptando el comic original de Masamune Shirow, es un buen conocedor del mundo del videojuego... Y es que, a primera vista, de eso va esta historia: de un peligroso juego bélico de realidad virtual, ilegalizado por las autoridades, en el que los jugadores pueden llegar tan lejos como lo permitan sus habilidades guerreras, arriesgando la mente y la vida en la lucha por alcanzar un nivel superior.

Mamoru Oshii está, como siempre, un poco lento y pretencioso en el montaje (un defecto de todas sus películas, por otra parte), pero la historia es interesante y la puesta en escena tan llamativa como siempre (esta vez con actores reales). A destacar el trabajo del equipo actoral, totalmente polaco, especialmente el de Malgorzata Foremniak, que cumple a la perfección su papel de chica dura (a veces me recuerda a la primera Nikita, la de Besson).

Pocas novedades en el guión para el connoisseur de la cosa nostra; Kazunori explota ideas que ya habían aparecido antes en la fallida Nirvana y también en la literatura de ciencia ficción. Pero estas ideas son presentadas con bastante coherencia y buen sentido; Avalon es como un ikebana de tópicos y referencias relacionadas con la realidad virtual, desde Dick hasta Jeff Noon (Vurt) pasando por Stephenson (Snow Crash), Nivel 13 y muchos más. Por separado, sus elementos no dicen ya gran cosa (especialmente a los friquis resabiados como yo); pero juntos y dispuestos de esa forma, tienen su atractivo.

En fin, he pasado un rato entretenido (a pesar de la morosidad típica de Mamoru Oshii, pero ya le tengo cogido el truco) y he regado mis pobres retinas con algunas imágenes interesantes (esto también es típico de él, por suerte). Si no estuviera yo tan de vuelta de las cosas que nos cuenta, le daría un 7 o así. Está bien, vaya.

Gracias a jm00, de la TerSa, por la recomendación.

jueves, 29 de septiembre de 2005

Transhumanidad y posthumanidad en la CF (IV)


Poe y Verne

Edgar Allan Poe y Jules Verne, padres del fantástico moderno (como reconocía el crítico Gaston Deschamps ya en 1905), apenas tocaron el tema de la posthumanidad.

Poe lo trató en tono jocoso en un par de relatos, Breve charla con una momia y El hombre consumido, y con más seriedad pero también menos claridad en Coloquio de Monos y Una.

Breve charla con una momia narra la reanimación accidental de Allamistakeo, un posthumano del antiguo Egipto, en un museo americano. Allamistakeo relata a sus asombrados anfitriones del futuro (en egipcio antiguo, claro) las maravillas de la cultura posthumana que se hallaba asentada junto al Nilo hace muchos miles de años. Extraordinariamente longevos (solían vivir unos ocho siglos pero podían superar el milenio de edad), muchos de sus congéneres se dedicaban a “viajar al futuro“ en animación suspendida (mediante una muy especial técnica de embalsamamiento), repartiendo así sus largas vidas en diferentes periodos, idea que luego se ha imitado hasta la saciedad en la ciencia ficción (sobre todo en forma de fuga criogénica; un ejemplo es la excelente La odisea del mañana de Charles Sheffield, publicada recientemente por la Factoría de Ideas y traducida por “nuestro“ Manuel de los Reyes, a quien agradezco su amable préstamo).

El hombre consumido nos presenta a un valeroso soldado torturado y mutilado por una feroz tribu de indios americanos que, gracias a los avances tecnológicos, es capaz de llevar una vida normal y mantener una apariencia de humanidad. Es quizá el primer cyborg de la literatura fantástica moderna.

Los cyborgs son una constante en la imaginería transhumanista. Tan relevantes son que, básicamente, podemos dividir todo el movimiento transhumanista en dos corrientes: 1) los que preconizan una meta-morfosis biológica y 2) los que piensan que será la tecnología la que nos transforme. Así lo imagina el siempre perspicaz Bruce Sterling en sus relatos del universo Formador/Mecanicista (o, según otra traducción, Formista/Mecanista), en la que enfrenta a ambos grupos en una guerra constante y donde la humanidad parece algo obsoleto. Pero ya hablaremos de Sterling más adelante.

En Coloquio de Monos y Una, Poe reúne en el Más Allá a dos amantes separados por la muerte. Tras el renacimiento de Una, un siglo después de su muerte, en ese plano de realidad, Monos, que la esperaba, le cuenta lo ocurrido desde que se hubieron separado. Empieza Monos su narración, en realidad, siglos antes. Describe el estado de la humanidad entonces y su historia posterior, su auge y su caída en una Tierra agostada por un descontrolado desarrollo industrial: «Entretanto, se elevaron enormes ciudades humeantes, las verdes hojas se encogían ante el caliente respiro de los hornos, la hermosa faz de la Naturaleza quedó deformada como por alguna repugnante enfermedad...» En determinado momento, dice Monos:

(...) para el mundo infestado yo no podía anticipar regeneración alguna, salvo la Muerte. Para que el hombre como raza no llegara a extinguirse, yo veía que debía “nacer de nuevo“.

Y entonces fue, hermosísima y amadísima, cuando nosotros envolvimos nuestros espíritus diariamente en sueños. Entonces fue cuando, a la hora del crepúsculo, discurríamos sobre los días que habían de venir, cuando la superficie lacerada de la Tierra, una vez que hubiera sufrido aquella purificación que sólo puede borrar sus obscenidades, se revistiera de nuevo con el verdor de sus colinas montañosas y sonrieran por ella las aguas del Parnaso, y tornara a quedar al fin como digna residencia para el hombre; para el hombre purgado por la Muerte; para el hombre en cuyo exaltado intelecto el veneno del conocimiento no puede hacer nada; para el hombre redimido, regenerado, bienaventurado y ahora inmortal, pero, con todo, para el hombre material.

La humanidad ha trascendido a un nuevo estado y habita una Tierra renovada por su propia muerte. También esta idea ha sido imitada reiteradamente, con distintas variaciones, por la ciencia ficción posterior.

Especialmente llamativo, por su escasez, es el caso de Verne, en cuya inmensa obra apenas se atisba nada sobre el tema que nos ocupa. Algo de ello hay, sin embargo, en Los quinientos millones de la Begum, en la que un malvado racista alemán pretende conquistar el mundo para la raza germana mediante la tecnología, prefigurando un tema clásico del género que atañe directamente a la transhumanidad: el abuso de la ciencia y la tecnología (que en malas manos o aplicada a fines equivocados pueden ser terriblemente dañinas). Y en El pueblo aéreo se describe una tribu de humanos arborícolas, adaptados a vivir entre las copas de los árboles, pero totalmente humanos; de no serlo, quizá entrarían en la categoría de especie posthumana, como el Hombre de Flores, por haber evolucionado después de la nuestra (en ese sentido, se puede decir con propiedad que Homo floresiensis fue la primera especie posthumana).

No me consta apenas nada más en la obra de Verne que pueda relacionarse de alguna manera con la transhumanidad o la posthumanidad... Si se os ocurre algo, ¡no dejéis de comentármelo, por favor! :-))


Homo excelsior
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (I)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (II)
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (III)

Sobre «Transhumanidad y posthumanidad en la CF»
Transhumanidad y posthumanidad en la CF (V)
Humanidad y posthumanidad (una aclaración)

miércoles, 28 de septiembre de 2005

«La Literatura fantástica y terrible», de Gaston Deschamps (1905)


Nota: Las siglas EMHO significan «en mi humilde opinión». Las usaré bastante en esta entrada. Se hace cansino repetir lo mismo cada dos por tres pero, en este caso, prefiero cogérmela con papel de fumar.


A veces, el término «género fantástico» confunde a la gente. Es bastante corriente que se identifique exclusivamente con la fantasía. Este error (lo es EMHO, obviamente) se debe, según creo, al hecho de que los diccionarios no recogen como es debido (EMHO) el significado de fantástico y fantasía en el ámbito de la ficción.

Como ya hemos visto, en castellano, las acepciones tradicionales de fantasía y de fantástico no guardan más que una relación marginal con lo que entendemos los de la cosa nostra por fantasía y (con algo menos de consenso) por fantástico.

Según la mayoría de especialistas, con los que casualmente estoy de acuerdo (al menos en este momento) el fantástico acoge bajo su paraguas taxonómico a varios géneros, como la ciencia ficción, el terror o la fantasía. Por tanto, decir que una obra es de género fantástico no excluye su posible pertenencia al género de ciencia ficción o a cualquier otro que satisfaga las condiciones de mi definición (que no viene mal repetir):

fantástico, ca.

(Del fr. fantastique).

1. adj. Perteneciente o relativo a la ficción fantástica. Me gusta el cine fantástico. Cortázar y Borges son los autores más importantes de la literatura fantástica argentina.
2. m. Conjunto de los géneros de ficción fantástica; el género fantástico. El fantástico es fantástico.
3. adj. Dicho de una obra de ficción: Que refiere hechos ajenos a la experiencia humana de lo real, o que trata de ellos. Poe escribió numerosos cuentos fantásticos.

ficción ~

f. Género de ficción cuyas obras se distinguen por narrar historias imaginarias en las que se refieren hechos, cosas o fenómenos irreales o de cuya naturaleza, existencia o realidad no existe certeza científica.

Añado, de paso, la de fantasía:
fantasía.

(Del ing. fantasy).

f. Género de ficción fantástica cuyas obras se distinguen por referir hechos o fenómenos contrarios a las leyes naturales, reales o ficticias.

Cuando hablo de género fantástico no hablo, pues, sólo de fantasía. Al menos desde principios del siglo XX (y posiblemente desde antes), el género fantástico ha abarcado para la crítica un amplio grupo de subgéneros desde el terror sobrenatural hasta la ciencia ficción, pasando por la fantasía tradicional de los cuentos de hadas, la novela de caballería, etc.

Esto viene al pelo para obras supuestamente inclasificables como Dhalgren (de S. Delany) o Radio Libre Albemuth (de P. K. Dick), muchos cuentos de Borges o Cortázar, etc., que si bien ofrecen gran resistencia a dejarse clasificar en un subgénero cualquiera, son de este modo fácilmente etiquetables: pertenecen al género fantastico, punto.

Como digo, y no temo repetirme (a ver si esto termina de entrar en la sesera de algún lector que yo me sé), la categoría género fantástico se ha venido utilizando, desde hace por lo menos un siglo, para clasificar todo tipo de ficción “no realista”, incluida la ciencia ficción.

La referencia directa más antigua que tengo de «género fantastico» como categoría que engloba desde la ciencia ficción de Wells o Verne hasta el misterio de apariencia sobrenatural de El perro de los Baskerville de A. Conan Doyle, ha cumplido este mes, precisamente, un siglo de antigüedad. Es de septiembre de 1905: «Genre fantastique», y aparece en un artículo escrito por Gaston Deschamps, un eminente crítico literario de la época, en el que reseña el mencionado cuento de Conan Doyle y varias novelas de H. G. Wells.

El artículo, titulado justamente La Littèrature fantastique & terrible, fue publicado el 15 de septiembre de 1905 en la revista Je sais tout («Lo sé todo»), una publicación divulgativa con secciones fijas dedicadas a viajes, literatura, ciencia y técnica, etc., cuya portada (con una fotografía del entonces Shah de Persia) podéis ver aquí:



La revista llegó a mis manos desde Francia, prestada a mi madre por mi tía Brigitte para que yo restaurara el tomo en el cual estaba encuadernada con los otros números del segundo semestre de 1905. Cuando vi el artículo os podéis figurar mi alegría. Me impresionaron especialmente los grabados, sobre todo el que ilustra Los primeros hombres en la Luna, de Wells, que más parece sacado de un pulp magazine americano de los años 30 o 40 que de una revista cultural francesa de 1905:

EL VIAJE A LA LUNA: Después de haber mostrado la invasión de los habitantes de los planetas sobre nuestra tierra, Wells nos transporta a la luna donde un hombre, con ayuda de una formidable máquina que se ha hecho construir, ha llegado; en este paisaje lunar, se encuentra con extraños habitantes, que le hacen sufrir atroces y bárbaras torturas.
EL VIAJE A LA LUNA
Después de haber mostrado la invasión de los habitantes de los planetas sobre nuestra tierra, Wells nos transporta a la luna donde un hombre, con ayuda de una formidable máquina que se ha hecho construir, ha llegado; en este paisaje lunar, se encuentra con extraños habitantes, que le hacen sufrir atroces y bárbaras torturas.


Escaneé y volví a maquetar el artículo, procurando que el resultado fuera lo más parecido posible al original; se puede descargar, en formato PDF, desde mi página web cuenta de Dropbox:

La Littérature fantastique & terrible / Gaston Deschamps . — 1905 [PDF]

¡Ojo!, que está lleno de spoilers... En francés, claro.

lunes, 26 de septiembre de 2005

Transhumanidad y posthumanidad en la CF (III)


La parejita

Si alguien tuviera para conmigo sentimientos de benevolencia, yo se los devolvería centuplicados; conque existiera este único ser, sería capaz de hacer una tregua con toda la humanidad.

La Criatura de Frankenstein en Frankenstein o El moderno Prometeo (1818), de Mary W. Shelley


Tras sufrir una serie de desengaños, la Criatura ha llegado a una conclusión sobre su relación con la humanidad: es imposible. Su única esperanza de felicidad es, pues, tener consigo a alguien de su propia especie, una compañera. La única manera de que esto pueda ocurrir es convencer a Frankenstein de que la fabrique.

Mi compañera deberá ser igual que yo y tener mis mismos defectos. Tú deberás crear este ser.

El temor de Frankenstein es que la nueva criatura se comporte como la primera y que ambos unan sus fuerzas para arrasar el mundo. Además está muy resentido contra la criatura por sus crímenes; siente, él mismo, deseos de venganza. Y desconfía de sus intenciones. Pero una mezcla de amenazas, promesas y argumentos termina convenciéndole de acceder. El segundo volumen de la novela se cierra con un trato entre Frankenstein y su Criatura.


Marcha atrás

Al cabo de un par de capítulos, avanzada ya la obra, al señor Frankenstein le da por pensar en lo que está haciendo (cosa rara en él, por cierto) y llegan las dudas.

Aunque Mary Shelley no lo menciona, el paralelo con el génesis bíblico (machista como él solo, por cierto) es muy claro. Shelley vuelve a colocar a Frankenstein en el lugar de Dios.

En La Biblia, éste crea al primer humano y ve que es bueno. Luego piensa que no es bueno que el hombre esté solo. «¿Y si le diera una compañera?», se dice. Dicho y hecho; Dios crea a la mujer... Y todo se va a la mierda.

«¿Y si le diera una compañera?», se plantea Frankenstein. Solo, sentado en su laboratorio tras una agotadora jornada de trabajo, esperando a que la luna acabe de salir para reanudarlo, Victor recapacita.

Frankenstein ha aprendido por las malas que imitar a Dios, seguir su línea de acción y pensamiento, puede ser muy perjudicial. Él (con mayúscula) podía darse el lujo de satisfacer sus curiosidades sin temer las consecuencias, que para eso era todopoderoso y omnipotente. Pero a Frankenstein ya le han ocurrido unas cuantas desgracias por imitarlo. ¿Es inteligente hacerlo por segunda vez?

¿Y si la nueva criatura sale peor que la anterior?

Peor aún... La Criatura no quiere una compañera para «estar acompañado y tener quien le ayude»; quiere alguien con quien poder follar. ¿Y si tienen hijos?

El primer hijo de Adán y Eva fue también el primer asesino. ¿Cómo será el hijo nacido de esta nueva unión?

Se propagaría entonces por la Tierra una raza de demonios que podrían sumir a la especie humana en el terror y hacer de su misma existencia algo precario. ¿Tenía yo derecho, en aras de mi propio interés, a dotar con esta maldición a las generaciones futuras? Me habían conmovido los sofismas del ser que había creado; sus malévolas amenazas me habían nublado los sentidos. Pero ahora por primera vez veía claramente lo devastadora que podía llegar a ser mi promesa; temblaba al pensar que generaciones futuras me podrían maldecir como el causante de esa plaga, como el ser cuyo egoísmo no había tenido reparos en comprar su propia paz al precio quizá de la existencia de todo el género humano.

¡Qué miedo! :-D

Un temor semejante embarga a los detractores del transhumanismo. Es una de las raíces de la oposición que ellos y otros grupos, más o menos conservadores, han ejercido tradicionalmente contra la posibilidad, ya real, de clonar a seres humanos, contra la eugenesia y contra la ingeniería genética orientada a la modificación del fenoma humano (u otras técnicas aplicables al mismo fin). Temen perder la libertad que creen disfrutar (como si no fuera una ilusión), dominados por los posthumanos. Temen la aparición de diferencias que amenacen la igualdad (otra ilusión) que es uno de los pilares del sistema político occidental. Pero, por encima de todo, temen el exterminio.


Conclusión

Frankenstein niega la vida a la criatura femenina cuya creación le exigió su primer engendro; es más: la destruye ante sus ojos, en un violento arrebato, mezcla de valiente decisión moral y chulesco corte de mangas.

Frankenstein es un héroe en el sentido clásico de la palabra, un ser excepcional capaz de grandes hazañas; para los anti-transhumanistas es un héroe también en el sentido moderno. Su decisión de dar marcha atrás en la creación de una compañera para su criatura, cuya venganza ha de acarrearle terribles desgracias, abortan la aparición de una especie posthumana que podría destruir a la humanidad.

La furia de la criatura, privada de pareja y, por ende, de cualquier futuro como individuo y como especie, se abatirá sobre los seres queridos de Frankenstein. Pero el sacrificio ha merecido la pena. Victor Frankenstein ha salvado al hombre.

Mary W. Shelley llamó a su obra Frankenstein o el nuevo Prometeo en recuerdo del titán creador de los humanos en la mitología griega. Frankenstein es el nuevo Prometeo no sólo por haber creado a un ser semejante a él sino también por su afán de saber y el sufrimiento que padece luego (como el titán) a manos de un ser superior a él, tras tomar una decisión arriesgada para proteger a la humanidad de las consecuencias de sus propios actos, cometidos por mor de un conocimiento reservado a los dioses.


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Transhumanidad y posthumanidad en la CF (I)
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