sábado, 8 de marzo de 2008

Gary Gygax (1938-2008)

Ha muerto uno de los padres de los juegos de rol, Gary Gygax. En un rato libre he traducido el obituario de la SFWA; en atención a los muchos colegas aficionados a este tipo de juego, aquí lo tenéis (con un par de precisiones entre corchetes):

Gary Gygax (1938-2008)

Gary Ernest Gygax, co-creador del juego de rol de fantasía "Dragones y Mazmorras", murió el lunes, 5 de marzo, en su casa en Lake Geneva, Wisconsin, después de varios años con problemas de salud que incluían un aneurisma aórtico abdominal. Tenía 69 años.

Junto con Dave Arneson, Gygax desarrolló "Dragones y Mazmorras" a comienzos de los años 70. Ambos fundaron TSR. El juego fue disfrutado por millones de personas y de él salieron revistas, libros, películas y videojuegos que llevaron a algunos de esos entusiastas a leer literatura de fantasía de autores como Robert E. Howard, Fritz Leiber y otros. Muchos autores de hoy reconocen a "Dragones y Mazmorras" el haberles inspirado para empezar a escribir.

Gygax escribió varios libros relacionados, así como muchas novelas de fantasía, incluyendo la serie de novelas "Aventuras de Falcongris" y la saga de "Sagard el bárbaro" escrita con Flint Dille. La primera novela de ficción de Gygax fue una ucronía escrita con Terry Stafford titulada "Victorious German Arms: An Alternate Military History of World War II" ("Las Victoriosas Armas Alemanas: Una historia militar alternativa de la Segunda Guerra Mundial").

Le sobreviven su [última] esposa, Gail Carpenter-Gygax, y seis hijos [de tres matrimonios diferentes].

5 de marzo de 2008

viernes, 29 de febrero de 2008

La chica del viernes: Stella Stevens


Esta inteligente y divertida actriz llamó poderosamente mi atención un sábado por la tarde de hace unos 20 años cuando la vi en El profesor chiflado, de Jerry Lewis (1963).


En esta película, friki donde las haya, un profesor de química, prototipo de nerd atontado, se enamora de una de sus alumnas, una despampanante Stella que recordaba muchísimo a Marilyn Monroe (algo absolutamente intencionado, por supuesto).


En aquella época yo era (y sigo siendo) un gran fan de Marilyn Monroe, y esta chica se le parecía tanto que me enganchó enseguida. Claro está, enseguida me di cuenta de que no era ella, pero no importaba.


Stella tenía mucho talento, estaba buenísima y, lo que siempre resulta interesante para mí, no le importaba despelotarse. Al principio de su carrera lo hizo para la revista Playboy, convirtiéndose en Playmate del año 1960:


Y volvió a hacerlo en 1968:


La carrera de Stella siempre tuvo un toque friki o kitsch. Uno de sus primeros papeles fue el de Appassionata Von Climax en la versión cinematográfica del musical Lil' Abner, a su vez basado en la famosísima tira cómica de Al Capp. Es una película muy divertida, con buena música y animadas coreografías, lo típico. Fue la segunda película de Stella. Luego actuó en películas como Girls, girls, girls!, con Elvis, la ya mencionada de Jerry Lewis, y por fin llegamos a The Silencers, con Dean Martin, una comedieta de espías repleta de “jugosas” escenas como esta:


¡Y, para colmo, está Ann Margret!


Así es imposible no cogerle odio a Dean Martin.

Más tarde la podemos ver en todo su esplendor en La balada de Cable Hogue (t.c.c. La balada del desierto), de Sam Peckimpah, con Jason Robards. Quizá su mejor película.

Desgraciadamente la carrera de Stella no fue a mayores. Trabajó mucho en televisión, sobre todo en comedias, y siguió haciendo películas, pero nada del otro jueves. Como ejemplo friki de su trabajo en televisión podemos mencionar su participación en Wonder Woman. Aquí la podéis ver en una secuencia de la serie, entre el publico asistente a un espectáculo en el cual ametrallan a doña Diana de Themyscira:


Unas fotos de propina:


viernes, 22 de febrero de 2008

La chica del viernes: Rebecca Romijn


La primera vez que vi a doña Rebecca Romijn fue en la portada de la revista GQ. Era una portada muy divertida con el pirado de Dennis Rodman, uno de los mejores defensores de la historia del baloncesto, que entonces jugaba en los Chicago Bulls. Ya entonces a la chica le iba bien lo de taparse con algo de pintura.


(Todavía tengo la revista en casa; si la encuentro, pondré la portada escaneada como es debido.)

Entonces Rebecca Romijn no había hecho aún ninguna película; se ganaba la vida, y muy bien, como modelo. Su gran momento como tal, el especial sobre moda de baño de la revista Sports Illustrated, no llegaría hasta dos años después, en 1999, pero ya era conocida, especialmente en EEUU, sobre todo por ser la novia de un actorzuelo de la tele que entonces tenía cierto éxito y del que no pienso escribir nada más. :-))

Así que yo no sabía nada de ella. Pero me quedé prendado inmediatamente de su pícara sonrisa. Luego me fijé en el resto de su persona, ejem, ejem. Conservo la revista desde entonces.

¿Qué es lo que más me gusta de ella? Sus piernas me encantan, pero lo que llega a hipnotizarme es su culo. Vista de espaldas es como más impacta.



A partir de hoy, cada viernes, colgaré una entrada “salidorra” como esta pero, como prometí, con algo de frikismo incorporado. Este caso me viene que ni pintado, porque la moza en cuestión ha participado en algunas películas del género fantástico, obteniendo su mayor éxito con la serie dedicada al grupo de superhéroes X-Men, en la que interpretaba a la malvada Mystique, o Mística, una mutante metamórfica de piel azul. Lo bueno de Mística es que para poder “cambiarse de ropa” sólo tenía que cambiar de forma e imitarla, para lo cual debía andar siempre, en realidad, desnuda.


¡Curioso! Cuando me di cuenta de esto yo era un crío que leía los comic-books de la Patrulla X (así se llamaban los X-Men en los tebeos editados por Forum, una división de Planeta-DeAgostini, en aquellos años) y todavía no tenía edad para sacarle mucha punta al asunto, pero como dije el otro día, fui un erotómano precoz. Mi teoría era que, como cambiar de forma y color radicalmente le suponía cierto esfuerzo, para andar por casa le bastaba ir en su verdadera forma azul, sin ningún adorno más que su cabellera roja, y que si tenía que mostrarse a amigos o enemigos tal cual era, podía transformar ligeramente parte de su cuerpo para guardar el decoro.

Afortunadamente, hoy en día eso del decoro está bastante pasado de moda, aunque no tanto como para que no la hayan vuelto a tapar con maquillaje, que para el caso viene a ser lo mismo. Lo importante es que el personaje anda por ahí à poil, en plan naturista.






Por cierto, le dedico estos viernes a mi compi de es.rec.ficcion.misc Osmo Lukult, alias Manu, que está más salido que el mango de un cazo y sé que los va a apreciar.

sábado, 16 de febrero de 2008

El culo de ayer


Me asomo a una viñeta y veo el culo de ayer
desnudo entre las sombras de
Camelot 3000...

Para la entrada de ayer puse a bajar una copia de seguridad de Camelot 3000 (tengo el tomo; es legal). No encontraba el disco con las imágenes que tenía ya escaneadas. Pero aún está descargándose.

Desde el principio quería enseñaros el culo de Ginebra. Ese culo fue, en su momento, importante para mí. El de Druuna mola más, pero al de Ginebra le tengo un cariño especial.

Hace un rato, corrigiendo unas fotografías que saqué el otro día, se me ha ocurrido sacarle una foto al comic. No tendrá la misma calidad que un escaneo, pero debo aprender a superar mi manía perfeccionista.

Es tarde, lo sé, pero no quería dejarlo así. Así que ahí va:


Ay, qué recuerdos...

viernes, 15 de febrero de 2008

Gran Día del Culo Comiquero: BIG CULO DAY 2008

He estado buscando un culo comiquero que marcó mi adolescencia, el de Ginebra —en el nº 7 de Camelot 3000, dibujado por Brian Bolland— cuando se despelota para ponerle los cuernos al rey Arturo. Lo tenía escaneado, pero no he dado con él y no quiero cargarme el tomo (aquellos números sueltos que yo tenía desaparecieron en una purga, snif, pero años después conseguí un retapado que no quiero estropear; la viñeta de marras está pegando al medianil y tendría que aplastar el lomo de mala manera para digitalizarla como es debido).

Así que he puesto otro que también me marcó y que para mí es uno de los mejores culos de la historia del cómic: el de Druuna en Morbus gravis, de Paolo Eleuteri Serpieri. Esta viñeta es la tercera de la primera página:

Tendría 16 o 17 años cuando vi eso; ya os podéis imaginar el efecto que tuvo en mí. Por si no os lo imagináis, mis emociones estéticas se pueden resumir en esta sesuda cita:
¡Doing!
Dana Carvey en Wayne's World.

El Gran Día del Culo Comiquero es una iniciativa del gran Jotacé. AVIV!

viernes, 12 de octubre de 2007

El libro de bolsillo en España (II): Alianza Editorial (1)


Alianza Editorial fue fundada en 1966 por José Ortega Spottorno (hijo del filósofo José Ortega y Gasset) y Jaime Salinas (hijo del poeta Pedro Salinas). A ambos se unió Javier Pradera, de cuya mano llegó a la empresa el diseñador santanderino Daniel Gil. Este fue el grupo germinal que convertiría a la nueva editorial en una referencia para el mundo literario español y una de las principales impulsoras del libro de bolsillo en las siguientes décadas.

El interés de Ortega Spottorno por las letras y por su difusión se explica por la influencia de la tradición familiar. Su padre, José Ortega y Gasset, fundador de la “Revista de Occidente”, fue uno de los pensadores españoles más influyentes del siglo XX. Su abuelo, José Ortega Munilla, miembro de la RAE y de la Institución Libre de Enseñanza, dirigió el suplemento literario de “El Imparcial”, periódico fundado por uno de sus bisabuelos, Eduardo Gasset y Artime, que llegó a dirigir la ILE. Ortega Spottorno heredó los ideales democráticos de su padre, su abuelo y su bisabuelo, y también su influencia en el panorama cultural español. Como sus antecesores, tuvo siempre en mente la necesidad de que la cultura llegara por igual a todos los españoles, y uno de los medios ideales para lograrlo era el libro de bolsillo, económico y fácil de manejar, apto para ser leído en cualquier parte.

También en el caso de Salinas se puede explicar su interés en el mundo de las letras por la influencia de su familia. Su padre fue el gran poeta y académico Pedro Salinas. Desde niño tuvo contacto con los grandes escritores e intelectuales de la generación del 27. Si en Ortega la edición fue una vocación nacida del deseo de emular a sus antepasados, en la dedicación de Salinas la casualidad jugó un papel más importante, como él mismo cuenta: «Quería estudiar cine, y para eso vine a Europa, desde Estados Unidos, donde mi padre estaba en el exilio. Vine en 1954, fui a Alicante, con mi familia de allí, me encontré con un ingeniero que me propuso trabajar con él en la organización de imprentas... Y por esos vericuetos llegué a Seix Barral... Me pusieron en una especie de barracón, ni me saludaban. Y un día me invitó a comer Víctor Seix. En el curso del almuerzo, él descubrió que yo era hijo de Pedro Salinas. “¡Cuando se entere Carlos!”, exclamó. Y cuando se enteró Carlos me hizo todo tipo de fiestas y ya me incorporó a las tareas editoriales...» Así comenzó su carrera en el mundo del libro.

Jaime Salinas se propuso, en los años sesenta, potenciar el libro de bolsillo en el mercado español. Las versiones francesa (livre de poche) y anglosajona (paperback) le sirvieron de inspiración. “Me interesó la idea de empezar una colección de calidad, pero económicos y físicamente atractivos. La colección Universal o Austral tenían libros baratos pero eran grises y tristes, dirigidos más al estudio que a la lectura. Como objeto no tenían ningún sex-appeal”, recuerda. Emprendió entonces Salinas la búsqueda de un socio extranjero que quisiera establecerse en España. A pesar de sus respuestas ambiguas —“no decía ni sí ni no”—, el editor francés Claude Gallimard acabó por darle la solución: “Me habló de José Ortega Spottorno, a quien yo no conocía. Él también le había escrito para lanzar una versión en España de la colección Ideé de Gallimard y me animó a contactarle”.

Jaime Salinas y José Ortega Spottorno tenían un interés común y una historia personal parecida; ambos eran hijos de importantes intelectuales que tuvieron que exiliarse en el extranjero a causa de la Guerra Civil y el régimen dictatorial que ocupó el poder a su término. El nombre de la editorial, Alianza, es significativo de esta unión de intereses y objetivos. Los dos se complementaban perfectamente; Ortega aportaba su capacidad de liderazgo y su filosofía empresarial, orientada a mejorar la situación cultural de España, y Salinas su gran sentido de la organización y su valía técnica, sobradamente demostrada en Seix Barral.

Pronto se unió a ellos Javier Pradera, quien contrató a Daniel Gil, que entonces se dedicaba al diseño de portadas para discos, para el departamento de diseño. Pronto su rompedor estilo fue imitado por otras editoriales, como Bruguera.

La primera y más importante colección de Alianza se llamó, significativamente, El Libro de Bolsillo y, al igual que Austral en Espasa, LibroAmigo en Bruguera o Destinolibro en Destino, fue desde el principio una colección abierta a todo tipo de temas y géneros, desde el ensayo filosófico hasta la novela de ciencia ficción, pasando por recetarios de cocina (uno de los mayores éxitos de la editorial fue 1080 recetas de cocina, escrito por la mismísima esposa de Ortega, Simone Klein) y manuales de lógica formal.

“Aunque no existiera la expresión, sí existía la realidad del libro de bolsillo desde antes de la guerra. Las obras de Austral, por ejemplo, eran de calidad no en su fabricación, pero sí en sus contenidos. Desde Alianza intentamos darle más dignidad, ponerle vitola y mantener un precio asequible. Nuestro criterio era que un libro no podía costar más que la entrada a un cine: cincuenta pesetas”, recuerda Pradera.

A pesar de la inicial reticencia de libreros y distribuidores, el éxito fue rotundo. “Costó hacerles entender que aunque el precio y su porcentaje fueran menores, ellos también saldrían ganando”, dice Salinas.

Pradera señala otro de los objetivos que marcó aquella aventura editorial y que, hasta cierto punto, ha servido como rasgo definitorio del bolsillo en el mercado internacional. “Nuestra aspiración era convertirnos, como el livre de poche, en continente de los títulos de otras editoriales. En Francia, sin embargo, ya entonces Gallimard había roto con eso y tenía su propia colección de bajo coste. Así que nuestro modelo era Penguin, que se alimentaba de los derechos que compraba a bajo precio a editores normales”, asegura.

Los acuerdos que Alianza Editorial estableció con editoriales argentinas como Emecé, Losada y Siglo XXI en los sesenta y setenta hicieron posible la publicación por primera vez en España, en su colección El Libro de Bolsillo, de obras como El Aleph, de Jorge Luis Borges; El señor de las moscas, de William Golding, o El extranjero, de Albert Camus. La colección también se nutrió de los fondos de Revista de Occidente con títulos como La metamorfosis, de Kafka.

A pesar de todo, Pradera sostiene que su deseo de convertirse en colección de colecciones no acabó de cuajar: “Terminamos aumentando la producción propia para bolsillo y sacando primeras ediciones directamente, una locura. Lo lógico es sacar lo que lleva años publicado y abrir esos libros al mercado masivo a través del bolsillo”.

La crisis de los años ochenta, que se llevó por delante a Bruguera (debilitada, precisamente, por su ambicioso catálogo de bolsillo, repleto de primeras ediciones, como la arriesgadísima edición en dos tomos de Ser norteamericanos, de Gertrude Stein), condujo a muchas editoriales a ser compradas por grupos más potentes. Plaza & Janés fue adquirida por Bertelsmann; Destino y Seix Barral fueron compradas por el grupo Planeta, y el grupo Anaya, fundado en 1959 en Salamanca por Germán Sánchez Ruipérez, se quedó con Alianza en 1989.

A partir de ese momento, Alianza conoció diversos equipos directivos y ejecutivos, a medida que su propietario, el Grupo Anaya, fue cambiando de manos a su vez.

En septiembre de 1998 el Grupo Anaya fue adquirido por el grupo francés Havas, que fue absorbida por Vivendi en 2000. En 2002 comenzó a desmembrarse el grupo Vivendi, que vendió Anaya (y, por consiguiente, Alianza Editorial) al grupo Lagardére, que es su actual propietario.

Próximamente haremos un somero análisis del devenir de Alianza y de su comportamiento editorial (hay decisiones de Anaya, como la destrucción de fondos de Alianza, Cátedra y Tecnos en 1999, que Ortega Spottorno jamás habría pensado siquiera en tomar), en el tira y afloja entre el mantenimiento del espíritu fundacional de la casa y el resultadismo de los tiburones de enormes grupos empresariales a los que la cultura les importa un pito.


Nota: Las declaraciones de Salinas y Pradera han sido tomadas del diario El País. Algunas porciones del texto son copias directas del artículo El bolsillo se crece, de Andrea Aguilar, publicado en Babelia el año pasado, y de otras fuentes. El texto de esta entrada (como el de la anterior) forma, casi en su totalidad, parte de la documentación de un trabajo que debo presentar en la asignatura de Producción Editorial (trabajo en el que todas las citas e informaciones estarán convenientemente referenciadas, como es debido) y está aún pendiente de transformación. Lo digo por si a algún malpensado le suenan algunas frases y piensa que he plagiado: efectivamente, lo he hecho. :-)) ¡Pero sin ánimo de lucro! ¡Mejor de El País que de la Wikipedia, no? :-))) También hay citas del diario El Mundo, que siempre ha demostrado un gran interés por informar sobre los movimientos en el mundo editorial, lo cual es de agradecer, aunque se les vaya la pinza tan a menudo, como cuando les da por poner a parir a este o aquel por “rojos”, sobre todo a Javier Pradera, una de sus bestias negras. :-))) Cuando lo termine ya no parecerá un plagio, pero seguirá siéndolo en el fondo; es lo que tiene buscarse la vida para aprobar, ay...