viernes, 15 de febrero de 2008

Gran Día del Culo Comiquero: BIG CULO DAY 2008

He estado buscando un culo comiquero que marcó mi adolescencia, el de Ginebra —en el nº 7 de Camelot 3000, dibujado por Brian Bolland— cuando se despelota para ponerle los cuernos al rey Arturo. Lo tenía escaneado, pero no he dado con él y no quiero cargarme el tomo (aquellos números sueltos que yo tenía desaparecieron en una purga, snif, pero años después conseguí un retapado que no quiero estropear; la viñeta de marras está pegando al medianil y tendría que aplastar el lomo de mala manera para digitalizarla como es debido).

Así que he puesto otro que también me marcó y que para mí es uno de los mejores culos de la historia del cómic: el de Druuna en Morbus gravis, de Paolo Eleuteri Serpieri. Esta viñeta es la tercera de la primera página:

Tendría 16 o 17 años cuando vi eso; ya os podéis imaginar el efecto que tuvo en mí. Por si no os lo imagináis, mis emociones estéticas se pueden resumir en esta sesuda cita:
¡Doing!
Dana Carvey en Wayne's World.

El Gran Día del Culo Comiquero es una iniciativa del gran Jotacé. AVIV!

viernes, 12 de octubre de 2007

El libro de bolsillo en España (II): Alianza Editorial (1)


Alianza Editorial fue fundada en 1966 por José Ortega Spottorno (hijo del filósofo José Ortega y Gasset) y Jaime Salinas (hijo del poeta Pedro Salinas). A ambos se unió Javier Pradera, de cuya mano llegó a la empresa el diseñador santanderino Daniel Gil. Este fue el grupo germinal que convertiría a la nueva editorial en una referencia para el mundo literario español y una de las principales impulsoras del libro de bolsillo en las siguientes décadas.

El interés de Ortega Spottorno por las letras y por su difusión se explica por la influencia de la tradición familiar. Su padre, José Ortega y Gasset, fundador de la “Revista de Occidente”, fue uno de los pensadores españoles más influyentes del siglo XX. Su abuelo, José Ortega Munilla, miembro de la RAE y de la Institución Libre de Enseñanza, dirigió el suplemento literario de “El Imparcial”, periódico fundado por uno de sus bisabuelos, Eduardo Gasset y Artime, que llegó a dirigir la ILE. Ortega Spottorno heredó los ideales democráticos de su padre, su abuelo y su bisabuelo, y también su influencia en el panorama cultural español. Como sus antecesores, tuvo siempre en mente la necesidad de que la cultura llegara por igual a todos los españoles, y uno de los medios ideales para lograrlo era el libro de bolsillo, económico y fácil de manejar, apto para ser leído en cualquier parte.

También en el caso de Salinas se puede explicar su interés en el mundo de las letras por la influencia de su familia. Su padre fue el gran poeta y académico Pedro Salinas. Desde niño tuvo contacto con los grandes escritores e intelectuales de la generación del 27. Si en Ortega la edición fue una vocación nacida del deseo de emular a sus antepasados, en la dedicación de Salinas la casualidad jugó un papel más importante, como él mismo cuenta: «Quería estudiar cine, y para eso vine a Europa, desde Estados Unidos, donde mi padre estaba en el exilio. Vine en 1954, fui a Alicante, con mi familia de allí, me encontré con un ingeniero que me propuso trabajar con él en la organización de imprentas... Y por esos vericuetos llegué a Seix Barral... Me pusieron en una especie de barracón, ni me saludaban. Y un día me invitó a comer Víctor Seix. En el curso del almuerzo, él descubrió que yo era hijo de Pedro Salinas. “¡Cuando se entere Carlos!”, exclamó. Y cuando se enteró Carlos me hizo todo tipo de fiestas y ya me incorporó a las tareas editoriales...» Así comenzó su carrera en el mundo del libro.

Jaime Salinas se propuso, en los años sesenta, potenciar el libro de bolsillo en el mercado español. Las versiones francesa (livre de poche) y anglosajona (paperback) le sirvieron de inspiración. “Me interesó la idea de empezar una colección de calidad, pero económicos y físicamente atractivos. La colección Universal o Austral tenían libros baratos pero eran grises y tristes, dirigidos más al estudio que a la lectura. Como objeto no tenían ningún sex-appeal”, recuerda. Emprendió entonces Salinas la búsqueda de un socio extranjero que quisiera establecerse en España. A pesar de sus respuestas ambiguas —“no decía ni sí ni no”—, el editor francés Claude Gallimard acabó por darle la solución: “Me habló de José Ortega Spottorno, a quien yo no conocía. Él también le había escrito para lanzar una versión en España de la colección Ideé de Gallimard y me animó a contactarle”.

Jaime Salinas y José Ortega Spottorno tenían un interés común y una historia personal parecida; ambos eran hijos de importantes intelectuales que tuvieron que exiliarse en el extranjero a causa de la Guerra Civil y el régimen dictatorial que ocupó el poder a su término. El nombre de la editorial, Alianza, es significativo de esta unión de intereses y objetivos. Los dos se complementaban perfectamente; Ortega aportaba su capacidad de liderazgo y su filosofía empresarial, orientada a mejorar la situación cultural de España, y Salinas su gran sentido de la organización y su valía técnica, sobradamente demostrada en Seix Barral.

Pronto se unió a ellos Javier Pradera, quien contrató a Daniel Gil, que entonces se dedicaba al diseño de portadas para discos, para el departamento de diseño. Pronto su rompedor estilo fue imitado por otras editoriales, como Bruguera.

La primera y más importante colección de Alianza se llamó, significativamente, El Libro de Bolsillo y, al igual que Austral en Espasa, LibroAmigo en Bruguera o Destinolibro en Destino, fue desde el principio una colección abierta a todo tipo de temas y géneros, desde el ensayo filosófico hasta la novela de ciencia ficción, pasando por recetarios de cocina (uno de los mayores éxitos de la editorial fue 1080 recetas de cocina, escrito por la mismísima esposa de Ortega, Simone Klein) y manuales de lógica formal.

“Aunque no existiera la expresión, sí existía la realidad del libro de bolsillo desde antes de la guerra. Las obras de Austral, por ejemplo, eran de calidad no en su fabricación, pero sí en sus contenidos. Desde Alianza intentamos darle más dignidad, ponerle vitola y mantener un precio asequible. Nuestro criterio era que un libro no podía costar más que la entrada a un cine: cincuenta pesetas”, recuerda Pradera.

A pesar de la inicial reticencia de libreros y distribuidores, el éxito fue rotundo. “Costó hacerles entender que aunque el precio y su porcentaje fueran menores, ellos también saldrían ganando”, dice Salinas.

Pradera señala otro de los objetivos que marcó aquella aventura editorial y que, hasta cierto punto, ha servido como rasgo definitorio del bolsillo en el mercado internacional. “Nuestra aspiración era convertirnos, como el livre de poche, en continente de los títulos de otras editoriales. En Francia, sin embargo, ya entonces Gallimard había roto con eso y tenía su propia colección de bajo coste. Así que nuestro modelo era Penguin, que se alimentaba de los derechos que compraba a bajo precio a editores normales”, asegura.

Los acuerdos que Alianza Editorial estableció con editoriales argentinas como Emecé, Losada y Siglo XXI en los sesenta y setenta hicieron posible la publicación por primera vez en España, en su colección El Libro de Bolsillo, de obras como El Aleph, de Jorge Luis Borges; El señor de las moscas, de William Golding, o El extranjero, de Albert Camus. La colección también se nutrió de los fondos de Revista de Occidente con títulos como La metamorfosis, de Kafka.

A pesar de todo, Pradera sostiene que su deseo de convertirse en colección de colecciones no acabó de cuajar: “Terminamos aumentando la producción propia para bolsillo y sacando primeras ediciones directamente, una locura. Lo lógico es sacar lo que lleva años publicado y abrir esos libros al mercado masivo a través del bolsillo”.

La crisis de los años ochenta, que se llevó por delante a Bruguera (debilitada, precisamente, por su ambicioso catálogo de bolsillo, repleto de primeras ediciones, como la arriesgadísima edición en dos tomos de Ser norteamericanos, de Gertrude Stein), condujo a muchas editoriales a ser compradas por grupos más potentes. Plaza & Janés fue adquirida por Bertelsmann; Destino y Seix Barral fueron compradas por el grupo Planeta, y el grupo Anaya, fundado en 1959 en Salamanca por Germán Sánchez Ruipérez, se quedó con Alianza en 1989.

A partir de ese momento, Alianza conoció diversos equipos directivos y ejecutivos, a medida que su propietario, el Grupo Anaya, fue cambiando de manos a su vez.

En septiembre de 1998 el Grupo Anaya fue adquirido por el grupo francés Havas, que fue absorbida por Vivendi en 2000. En 2002 comenzó a desmembrarse el grupo Vivendi, que vendió Anaya (y, por consiguiente, Alianza Editorial) al grupo Lagardére, que es su actual propietario.

Próximamente haremos un somero análisis del devenir de Alianza y de su comportamiento editorial (hay decisiones de Anaya, como la destrucción de fondos de Alianza, Cátedra y Tecnos en 1999, que Ortega Spottorno jamás habría pensado siquiera en tomar), en el tira y afloja entre el mantenimiento del espíritu fundacional de la casa y el resultadismo de los tiburones de enormes grupos empresariales a los que la cultura les importa un pito.


Nota: Las declaraciones de Salinas y Pradera han sido tomadas del diario El País. Algunas porciones del texto son copias directas del artículo El bolsillo se crece, de Andrea Aguilar, publicado en Babelia el año pasado, y de otras fuentes. El texto de esta entrada (como el de la anterior) forma, casi en su totalidad, parte de la documentación de un trabajo que debo presentar en la asignatura de Producción Editorial (trabajo en el que todas las citas e informaciones estarán convenientemente referenciadas, como es debido) y está aún pendiente de transformación. Lo digo por si a algún malpensado le suenan algunas frases y piensa que he plagiado: efectivamente, lo he hecho. :-)) ¡Pero sin ánimo de lucro! ¡Mejor de El País que de la Wikipedia, no? :-))) También hay citas del diario El Mundo, que siempre ha demostrado un gran interés por informar sobre los movimientos en el mundo editorial, lo cual es de agradecer, aunque se les vaya la pinza tan a menudo, como cuando les da por poner a parir a este o aquel por “rojos”, sobre todo a Javier Pradera, una de sus bestias negras. :-))) Cuando lo termine ya no parecerá un plagio, pero seguirá siéndolo en el fondo; es lo que tiene buscarse la vida para aprobar, ay...

jueves, 11 de octubre de 2007

El libro de bolsillo en España (I)


Hace cincuenta años, el libro pequeño y barato se identificaba con la editorial Espasa-Calpe. Antes de la Guerra Civil, Calpe había lanzado ya la popular Colección Universal, pero fue la colección Austral la que le dio mayor prestigio. En 1938, en plena contienda bélica, apareció en Argentina el primer título, La rebelión de las masas, de José Ortega y Gasset. Antes de dos años habían publicado ya cien títulos, lo que da una idea de su éxito, que continúa hoy con un catálogo de 615 obras.

En 1957, Germán Plaza creó Libros Plaza, que al cabo de dos años se asoció con José Janés. Así nació Plaza & Janés Editores. Con colecciones de bolsillo como Reno y Jet, entre otras, la empresa llegó a contar con una situación privilegiada en España y una fuerte presencia en Iberoamérica.

En 1966, José Ortega Spottorno y Jaime Salinas fundaron Alianza Editorial. (Mañana me centraré en Alianza, así que lo dejaremos así por el momento.)

Poco después, Francesc Bruguera, director de la editorial homónima fundada por su padre en 1910, especializada en historietas, impulsó en Bruguera, inspirado por el éxito de Alianza, la edición de literatura en este formato. Su colección más importante fue “Libro Amigo”. Como Plaza & Janés, también conoció una gran expansión en Iberoamérica, con una importante delegación en Argentina y otras en Brasil, Venezuela y México. También tenía una sucursal en Portugal.

A comienzos de los ochenta, la caída del mercado iberoamericano sumió al mercado en una seria crisis. Bruguera, debilitada por su alocada política de lanzamientos, suspendió pagos en 1982, declarándose en quiebra y desapareciendo definitivamente en 1986, siendo sus bienes adquiridos por el Grupo Zeta, que formó con ellos Ediciones B. Recientemente, el Grupo Zeta ha “resucitado” a Bruguera como sello editorial dentro de Ediciones B, bajo la dirección de Ana María Moix.

En 1984, Plaza & Janés fue comprada por el grupo Bertelsmann. Alianza, por su parte, fue adquirida en 1989 por el grupo español Anaya.

En 1998 Alianza era, según la revista CONSUMER, la editorial líder en número de títulos en formato de bolsillo. Pero pronto la situación cambiaría completamente.

A partir del año 2000 se produjeron en España importantes cambios en el sector, orientados a conseguir mayor penetración en el segmento, a través de acuerdos entre editoriales:

En diciembre de 1999, los grupos Planeta y Bertelsmann (propietario de Plaza & Janés) firmaron un acuerdo para editar conjuntamente libros de bolsillo. De este acuerdo surgió la editorial Nuevas Ediciones de Bolsillo, participada al 50% por ambos grupos, que en marzo de 2000 creó el sello Debolsillo (hoy en manos de Bertelsmann, a través de Plaza & Janés). Nuevas Ediciones de Bolsillo agrupaba las ediciones de bolsillo de los catálogos de Planeta, Plaza & Janés, Debate, Lumen, Bestselia, Espasa, Destino, la catalana Columna, Ariel, Crítica, Seix Barral, Temas de Hoy, Martínez Roca y Deusto.

Por su parte, Santillana y Ediciones B crearon la editorial Suma de Letras, cuyo sello Punto de Lectura reunió los fondos de Ediciones B, Alfaguara, Taurus y El País-Aguilar, y posteriormente, los de la editorial Alba (del grupo Prensa Ibérica).

Las editoriales Edhasa, Tusquets, Anagrama, Salamandra y Grup 62 (Península y Muchnik) crearon la colección Quinteto. Y el 7 de julio de 2005, Urano, Roca, Titania, Umbriel, El Jueves, La Factoría de Ideas, Entrelibros, Nowtilus, Kailas, Robin Book, Via Magna e Inédita lanzaron la marca Puzzle.

Algunos de estos proyectos de unión fracasaron, con mayor o menor estrépito, al cabo de poco tiempo. El caso más sonado fue el de Bertelsmann y Planeta, que se separaron antes de un año después de ser los que armaron todo el follón (la unión nunca acabó de convencer a los jefazos de Nueva York); la primera se quedó con Debolsillo (a través de su división editorial Random House en colaboración, ahora, con la potente editorial italiana Mondadori) y Planeta acabó relanzando su colección Booket en abril de 2001.

Santillana y Ediciones B tardaron más en romper, aunque no demasiado. Santillana se quedó con Suma de Letras y Punto de Lectura (aunque teóricamente Punto de Lectura era una colección de Suma de Letras, nunca ha estado muy clara la diferencia de estatus entre ambas, la verdad; ni ellos mismos se aclaran). Por su parte, Ediciones B creó los sellos Byblos (en 2004) y Zeta Bolsillo (2005), que desde entonces le ha estado comiendo la tostada a su antigua socia.

Una encuesta realizada por AC Nielsen, cuyos resultados fueron hechos públicos en abril de 2002, señalaba que Debolsillo era líder con un 42% de cuota de mercado, seguida por Punto de Lectura, que tenía un 25% y, a mucha distancia, por Alianza (8%) y por Booket (8%).

Según Santillana, Punto de Lectura es “la gran editorial de bolsillo en español y el sello de referencia para los lectores”; según Random House-Mondadori, Debolsillo “es el sello de referencia indiscutible de los libros de este formato en el mundo de habla hispana” y, según Ediciones B, Byblos se halla actualmente “en el tercer lugar del mercado español de bolsillo”. Si examinamos los datos de AC Nielsen de 2002 y tenemos en cuenta a) que por aquel entonces Byblos y su agresiva política de precios todavía no existían para hacer la competencia a Punto de Lectura y b) que Byblos salió en cierto modo de Punto de Lectura, con la consiguiente merma de títulos y cuota de mercado para ésta, parece claro que los de Santillana deberían medir más sus palabras.

Hoy en día el mercado del libro de bolsillo está en pleno auge. En 2006, el Estudio de Comercio Interior del Libro, realizado por la Federación de Gremios de Editores, cifró en un 25,5% el aumento de ventas de libros de bolsillo con respecto a 2005, a pesar de haberse editado menos títulos y de ser menores las tiradas.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Una definición de «ciencia ficción»

A la hora de elegir una definición de «ciencia ficción» nos encontramos con un inconveniente. Hay muchísimas, todas diferentes.

Hay incluso gente que dice que no se puede definir. En fin, es como si yo dijera que es imposible superar un obstáculo de dos metros de altura dando un salto, sólo porque yo no puedo hacerlo. Es un problema de falta de empeño del personal, que ha tratado el asunto de manera muy superficial, sin dedicarle los recursos intelectuales (en un sentido amplio) que requiere.

El problema tiene dos partes: 1) Por lo general, la gente que sabe de lexicografía no tiene ni idea de ciencia-ficción; y 2) viceversa.

Quizá recordéis una entrada de este blog en la que yo definía los términos «fantástico» y «fantasía» separándolos de sus homógrafos reconocidos por la Real Academia Española y derivándolos del francés fantastique y el inglés fantasy. Os refresco la memoria:
fantástico, ca.

(Del fr. fantastique).

1. adj. Perteneciente o relativo a la ficción fantástica. Me gusta el cine fantástico. Cortázar y Borges son los autores más importantes de la literatura fantástica argentina.
2. m. Conjunto de los géneros de ficción fantástica; el género fantástico. El fantástico es fantástico.
3. adj. Dicho de una obra de ficción: Que refiere hechos ajenos a la experiencia humana de lo real, o que trata de ellos. Poe escribió numerosos cuentos fantásticos.

ficción ~

f. Género de ficción cuyas obras se distinguen por narrar historias imaginarias en las que se refieren hechos, cosas o fenómenos irreales o de cuya naturaleza, existencia o realidad no existe certeza científica.


fantasía.

(Del ing. fantasy).

f. Género de ficción fantástica cuyas obras se distinguen por referir hechos o fenómenos contrarios a las leyes naturales, reales o ficticias.

Son definiciones bastante áridas, lo comprendo. Pero así es como tienen que ser si se pretende lograr cierto rigor léxico y semántico y, sobre todo, alguna utilidad.

Al final de aquella entrada, expresaba yo mi confianza en que, con estas bases, no me costaría demasiado dar con una definición igualmente rigurosa de «ciencia ficción» (diferente, por supuesto, de la definición del DRAE, parcial y, en definitiva, errónea), una que satisficiera las condiciones que debe tener una buena definición: ser general, concisa, completa y léxicamente coherente.

Pues bien, la verdad es que ya hace mucho tiempo que logré esta definición. Lo que pasa es que es tan sencilla (después de todo lo que se han comido la cabeza tantos expertos, me da un poco de “palo” decirlo, la verdad) que hasta el momento no me he atrevido a divulgarla a los cuatro vientos (no creo que sean más de cuatro los vientos que pasan por este humilde blog, je je).

La enuncié en el transcurso del baile de insti... de la espicha de la AsturCon 2006, basándome en mis definiciones de «fantástico» y «fantasía», diciendo así:
ciencia ficción.

(Del ing. science-fiction).

f. El fantástico que no es fantasía.

Bueno, puede valer como broma, pero no aclara demasiado a primera vista, lo reconozco. :-D Sin embargo, es cierta si admitimos la validez de las otras definiciones. Esto no es tan fácil como parece.

Para empezar, a mucha gente le cuesta admitir que su amada ciencia ficción es un subgénero. Para colmo, les da mucho repelús la palabra «fantástico», por su semejanza con la denostada (y, según presumen, absolutamente dispar) «fantasía».

Y el lastre semántico que cargan las palabras «fantástico» y «fantasía» no ayuda precisamente.

Pero la cosa se aclara si pensamos en estos términos como derivados de fantastique y fantasy, con significados diferentes a pesar de la apariencia similar (precisamente los que describo en mis definiciones) en lugar de las palabras griegas φανταστικóς y φαντασíα de las que provienen esas otras «fantástico» y «fantasía» que podemos encontrar en los diccionarios de la RAE y que nada tienen que ver con lo que estamos tratando de definir (como es fácil comprobar).

Aceptando esto, es bastante sencillo definir «ciencia ficción» (siguiendo a Aristóteles) empezando por lo que no es: la ciencia ficción no es fantasía.
ciencia ficción.

(Del ing. science-fiction).

f. Género de ficción fantástica que se distingue por referirse sus obras a hechos, cosas o fenómenos que, en el momento de ser creadas, son irreales o de cuya naturaleza, existencia o realidad no existe certeza científica pero no son, incluso en la misma ficción, contrarios a las leyes naturales.

¿Por qué doy este paso ahora?

Hace unos días volví a visitar la página de ciencia ficción del proyecto Gutenberg para actualizar mi copia del CD y me fijé en la definición de ciencia ficción que incluye. Está sacada de la Wikipedia original y se parece, de hecho, a la mía. Bueno, es prácticamente idéntica a la que tenía pensada. :-))

Science Fiction (often called sci-fi or SF) is a popular genre of fiction in which the narrative world differs from our own present or historical reality in at least one significant way. This difference may be technological, physical, historical, sociological, philosophical, metaphysical, etc, but not magical (see Fantasy).

Traduzco:

«La ciencia ficción (a menudo llamada Ci-Fi o CF) es un género popular de ficción en el cual el mundo narrativo difiere de nuestra propia realidad presente o histórica en al menos un aspecto significativo. Esta diferencia puede ser tecnológica, física, histórica, sociológica, filosófica, metafísica, etc., pero no mágica (ver fantasía).»

Esta definición es coherente con las mías de «fantástico» y «fantasía». No es perfecta pero es muy buena, la mejor que he leído. Incluso es bonita de leer (en inglés; mi traducción no es muy bonita que digamos). Se nota no sólo que hay rigor léxico detrás de ella (a pesar de la tradicional pretensión wikipedista de no definir en sus entradas, sino de explicar y describir), sino que los que han contribuido a la definición saben de qué están hablando, conocen los distintos géneros y sus características distintivas principales.

Suelo meterme bastante con la Wikipedia pero debo reconocer que esta aportación es valiosa (aunque no perfecta, itero) y me gustaría agradecérselo al responsable. Lástima que insistan tanto en el anonimato.

Obviamente, queda el “problema” (para algunos parece que lo es) de las obras híbridas. Todos hemos sido testigos de discusiones bizantinas sobre si Star Wars es fantasía o ciencia ficción. O La estación de la calle Perdido. O...

Amigos, ¿para qué se inventó la teoría de conjuntos?, ¿para qué sirve la conjunción y? ¿Eh? Francamente, yo no veo el problema por ninguna parte en la existencia de obras híbridas; el problema está en el método taxonómico tradicional, con su estructura radicular, que no admite híbridos con facilidad (igual que algunas mentalidades oxidadas).

Pero eso es otro asunto.

domingo, 12 de agosto de 2007

Predación Salvaje en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Santander


Este año, la abundancia de presas ha sido mayor que en otras ocasiones. Gracias a ello y a la generosidad de mis compañeros depredadores, que me han dejado pillar bastantes piezas (gracias, Nacho, por hacer de halcón cetrero para mí), o quizás simplemente porque el buitre más grande siempre se lleva más tajadas (y, además, yo movía mucho las alas), he podido llevarme para The Pila siete bonitas piezas:


Más un ejemplar de Fantomas en VO sin subtítulos que me ha regalado Egwene (¡muchas gracias!):

No os digo los precios (si veis lo que se llevó Cyric por 5 €, os da algo) pero en general me han salido bastante baratos (algunos, como los “dicks”, prácticamente tirados) y están en buen estado, especialmente los Orbis que estaban nuevecitos (el de Tucker lo tengo en una edición de Hyspamerica pero lo vi tan azulito y tan brillante que no me pude resistir, ¡ay!).

Por cierto que un librero nos comentó que muchos del gremio de librovejeros se han marchado de Iberlibro para formar una nueva red, al parecer más conveniente para ellos, de nombre Uniliber. Nunca está de más saber estas cosas para los que nos gusta ir de caza por Internet, así que ahí queda eso.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Las tiras cómicas del Daily Planet

En una entrada anterior, veíamos al cabronazo de Mxyzptlk dando una lección de fonética a Clark Kent. Mxyzptlk aparece en las narices de Clark salido de una página del periódico que éste está leyendo. Naturalmente, es un ejemplar del Daily Planet, diario en el que trabaja... o finge que trabaja, porque siempre está escaqueándose del curro para pasárselo pipa desfaciendo entuertos como Superman.

Pues bien, aquí tenéis, en rigurosa exclusiva, y gracias al PhotoShop, la página que está leyendo Clark justo antes de aparecer el señor Mxyzptlk:


¡No me digáis que no es un descojono! Casi se me saltan las lágrimas al verlo. :-D

La primera tira, Dini the Meany, es un homenaje a Bill Watterson y su maravillosa tira Calvin & Hobbes. Wemissu suena como «we miss you» (o sea, «te echamos de menos»); ello se debe a que Watterson había tomado la decisión, algún tiempo atrás, de dejar Calvin & Hobbes. Por otra parte, el título recuerda a Dennis the Menace, de Hank Ketcham. Dini es Paul Dini, uno de los responsables de la serie (precisamente ese episodio fue uno de los que escribió y produjo en Superman).


La segunda tira, Gleen, es un homenaje a Peanuts, de Charles M. Schulz, más conocida en España como Snoopy. En él se hace referencia al conocido animador Glen Murakami, uno de los colaboradores de la serie. «Broken English» es una referencia jocosa al peculiar inglés de Murakami.


La tercera tira, Dan Danger, es una parodia de Dick Tracy, de Chester GOuld. En ella aparece Dan Riba, director del episodio. El nombre de Harry Thatcher alude a Teri Hatcher, actriz que hacía de Lois en Las aventuras de Lois y Clark.


La cuarta tira es atribuida a Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores de Mxyzptlk y del propio Superman.



Finalmente, en la quinta tira aparece caricaturizado el mismísimo Bruce Timm, entrevistándose con un editor de comics.



El episodio, uno de los más divertidos que he visto, está plagado de referencias culturales y de guiños frikis. En fin, una gozada. Un 10 para Paul Dini y su equipo.