miércoles, 22 de mayo de 2024

S·T·T·L, diaspar.

Hoy me he enterado del fallecimiento, hace ya un tiempo, de José Antonio López Ruiz, conocido en el fandom de la ciencia ficción como “diaspar” (con minúscula, como insistía siempre). Era todo un personaje. Muchos aficionados al fantástico lo habréis conocido. Fue un pionero de la digitalización de libros amateur, no ya en nuestro país, sino a nivel internacional. Que yo sepa, fue el primero en España en escanear libros por su cuenta, fuera de centros de documentación, en plan casero, para compartirlos en Internet, allá por la segunda mitad de la década de los noventa.

En la red Usenet, fue usuario del grupo de noticias es.rec.ficcion.misc (antes, de es.rec.ficcion) durante unos cuantos años. Allí fue el perejil de muchas salsas, alma de muchas fiestas, creador de buena parte de la cultura propia de aquella comunidad, pariendo expresiones como tierno plasmoide, casta matrona o sesudo varón, que la mayoría utilizábamos con entusiasmo y sin ruborizarnos. Nos dio un santo patrón (Santo Tomás Moro, autor de Utopía). Personalmente, me otorgó el título de Lascivo Varón y Faquero Mayor de es.rec.ficcion.misc, Voz de San Moro, profeta del Señor Moro y varios más. Si no me equivoco, fue quien acuñó el término “The Pila”. En fin, un figura.

Su gracejo andaluz aliñó nuestras conversaciones y compartió con nosotros cientos de libros, todos descatalogados, que de otra manera nos hubiera sido muy difícil leer. Y no solo a nosotros; miles de aficionados latinoamericanos se han beneficiado de su labor, inspirando a émulos como el argentino Sadrac, otro de los pioneros de las bibliotecas virtuales surgidas del mundo aficionado.

No sé con exactitud qué edad tenía; si no me fallan mucho las cuentas, superaba la ochentena. Malagueño de origen gaditano, ingeniero de aguas jubilado, antiguo motero, naturista, era un tipo dinámico, extrovertido y, como él mismo se definía, pendenciero y fosforético. Era un tipo excéntrico, desde luego, y tenía sus aristas, con las que uno podía rozarse y hasta herirse, pero el paso de los años lo lava todo. Al final, lo recuerdo con cariño y agradecimiento.

Sit tibi terra levis, maese diaspar, “abu”, casta matrona donde las haya.

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